18 DE AGOSTO · EL VERDADERO DELEITE

Para poder deleitarnos verdaderamente en Dios primero debemos haber librado algunas batallas internas. Tal como lo expresó el salmista; en el comienzo de este salmo: “No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.” (V.1). Cada vez que nos comparamos con otras las personas, tendemos a incomodarnos internamente, muchas veces vemos a personas que viven una vida desordenada alcanzar con creces los deseos de su corazón, esto nos expone a que la envidia nos domine. Mas el salmista lo comprendió, que son aves de corto vuelo. “Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán.” (V.2).

“Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.” (V.3), para poder confiar en Dios, necesitamos saber primero lo que Él enseña a través de Su Palabra. Así como el pastor esta pendiente del alimento de sus ovejas, también nuestro Dios está esperando que nosotros voluntariamente nos alimentemos con Su Palabra.

Esto nos llevará a deleitarnos en el Señor; pues el contacto con la palabra de Dios, corre el velo de nuestro entendimiento y podemos conocerlo de una manera mas personal y de este modo, nuestras peticiones llegan directamente al mismo corazón de Dios, y rápidamente, Él nos dará la victoria.

El verso 7 de este salmo, habla de “Guardar silencio ante Jehová, y esperar en él.”. El Salmista quiere prevenir a los creyentes para que no cometan un error por ser precipitados en sus palabras o sus actos.

David estuvo cerca de Saúl, el primer rey de Israel y vio como este, por impaciente lo perdió todo.

El profeta Samuel le dijo al rey que lo esperara para ofrecer el sacrificio, pero Saúl consideró que se demoraba y quebrantó la ley. No espero a que el profeta llegara para hacer el sacrificio y él creyó que porque era el rey, podía profanar lo sagrado, pensando que Dios le respondería más rápido. Después de esto, llegó el profeta Samuel y, como resultado de su error, fue desechado. Perdió el reino, su familia y su salvación.

Guardar silencio ante Dios es aprender a esperar Su tiempo. Él nunca llega tarde, mas tiene que probar la mente y el corazón. “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.” (Salmos 40:1-3).