25 DE JUNIO · EL VERBO QUE DA VIDA

Heráclito (filósofo de Éfeso, año 560 A.C, quien sostenía la teoría de que todas las cosas estaban en continuo movimiento. Decía: “Si todo se mueve, ¿a qué se debe que no exista caos en este sistema de cosas?” Llegó a la conclusión de que, detrás de todo cuanto existe, está la expresión del logos divino. Heráclito reiteró que todo lo que sucede se debe al logos, pues éste es el juez y la verdad; además, que el logos no es inferior a la mente de Dios, quien controla este mundo y cada hombre en particular.

Filón, filósofo judío de Alejandría, dijo que el logos era lo más antiguo que existía y era el instrumento mediante el cual Dios había hecho este mundo. Expresó que el logos era el pensamiento de Dios impreso sobre el universo, el intermediario entre el mundo y Dios, entre lo creado y lo no creado, y que el logos es el sacerdote que presenta el alma ante Dios.

John Patterson, uno de los grandes teólogos cristianos, dijo que, para los hebreos, logos era la unidad de energía cargada de poder. A su vez, Matthew Henry, destacado comentarista bíblico, da una doble interpretación al logos. Lo considera como la palabra que se piensa y la palabra que se expresa; la una es el concepto, la palabra que se piensa, y la otra es la expresión del mismo.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. (Juan 1-4).

La Palabra de Dios es Espíritu y es invisible, es decir, de lo espiritual e invisible vino lo material y visible; esto sólo pudo ser posible por la autoridad que acompañó a la Palabra de Dios. Dios ha hablado al hombre utilizando diferentes medios para convencerlo de su limitada capacidad y, a la vez, de la majestuosidad que a Él lo caracteriza; aún lo hace a través de la creación, como lo muestra el salmista cuando dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras” (Salmos 19:1-4a).

El Señor ha estado predicándonos desde el principio del mundo, sin emitir un solo sonido, a través de la Palabra, y nadie puede permanecer sordo a Su voz. La creación nos habla de un Dios creativo, perfecto, exacto, generoso y eterno.