ENERO 11 · EL SUEÑO DE DIOS PARA MÍ

Una de las historias que siempre me ha atraído es la vida de José, pues a Dios le plació enseñarle desde muy joven la importancia de tener un sueño claro que lo motivara a progresar. Sabemos que para que un sueño se haga realidad se requiere fe, paciencia y perseverancia en medio de la adversidad, para que éste no fenezca. 

Estas fueron las palabras que José, como el segundo hombre más importante de Egipto, pronunció sobre sus hermanos sin que ellos supieran quién era el que les estaba hablando. Por muchos años José había anhelado ese momento. A su mente venían los recuerdos cuando estaba viviendo con ellos y él les compartía sus sueños, mas sus hermanos cerraron los oídos y no podían soportarlo, llegaron a pensar que era un pretencioso que quería imponerse sobre ellos. Sus hermanos nunca pudieron comprender que esto no era alguna ilusión juvenil, sino el destino de Dios para preservar la vida de los israelitas. José recordaba la manera maliciosa como sus hermanos trataron de matarle, pensando que así se estaban deshaciendo de aquel soñador. Y al morir él, morirían sus sueños. Mas por la intervención de uno de los mayores acordaron venderlo como esclavo a unos amalecitas. 

Ahora que los tenía frente a él, José no los miraba con odio ni rencor, ni con sed de venganza. Estaba maravillado de cómo Dios en Su soberanía había usado aquella adversidad para ubicarlo en Su propósito. Pensaba qué ilusos fueron sus hermanos porque, mientras pensaban que estaban destruyéndolo, lo habían empujado al propósito de Dios para su vida y para hacer su sueño una gran realidad.