25 DE DICIEMBRE · EL SALVADOR HA NACIDO

El deseo del corazón del Padre fue siempre tener una relación de amor con Sus hijos; al crear a Adán y Eva caminaba con ellos a diario para demostrarle Su amor. Luego que ellos cedieron al pecado Dios creó un plan para redimir la humanidad de las garras del enemigo: era la muerte de su Amado Hijo Jesús. El Salvador debía venir a este mundo y vivir como un ser humano, enfrentar cada adversidad y tentación, pero sin pecado. María, fue la mujer escogida: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

El nacimiento del Salvador fue rodeado de ángeles y adoración: “Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres” (Lucas 2:1-14). Aunque Jesús no escogió la fortaleza de un palacio para nacer, sino que prefirió el ambiente humilde de un establo, debemos entender que Él no quiere hacer Su morada en casas de roca o en corazones endurecidos como la piedra, sino en corazones sencillos, abiertos y dispuestos a que Él edifique Su Reino en sus vidas.

Siendo el dueño del oro y la plata, el origen de todas las riquezas del universo, prefirió nacer en un lugar que carecía de los elementos básicos para la vida del hombre, como diciéndonos: “Quiero habitar en la vida de aquellos que son pobres en espíritu para establecer Mi Reino”.

Con Su nacimiento vino también la provisión. Dios movió los corazones de los sabios del oriente para que llevaran presentes de incienso, oro y mirra, lo cual daba un buen respiro financiero a la familia. ¿Qué sentiría María al tener en sus brazos a Jesús? En su mente repasaba una y otra vez las palabras del ángel Gabriel cuando la visitó, y le dijo: “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:30-33).