29 DE ABRIL · VER EL ROSTRO DE DIOS

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 Corintios 3:18

En esta segunda carta a los Corintios, el Apóstol Pablo usa un tono completamente diferente al que había empleado en el escrito anterior. En su primera epístola se ve obligado a exhortarlos por su liviandad espiritual, su carnalidad, su espíritu divisionista y por haber permitido la impureza sexual dentro de la iglesia.

Pero en esta otra carta, el Apóstol usa un lenguaje más suave, pues los ve como personas transformadas por el poder del Espíritu Santo. Decide tratarlos como a personas que tienen un mayor discernimiento espiritual, a los cuales Dios les puede confiar la sublime misión de representarlo en este mundo, dando continuidad a la obra del ministerio de redención que Jesús había iniciado. Pablo dice a los corintios que fueron llamados no a cualquier servicio sino a uno sobrenatural, y les habla del ministerio del Espíritu. El Apóstol trata de sintetizar en este capítulo aquello que debe caracterizar un ministro del Espíritu.

Pablo había logrado desarrollar su visión espiritual de una manera extraordinaria, veía claramente con la misma nitidez que cuando se mira en un espejo. ¿Qué es lo que el Apóstol quiere que veamos? Desea que veamos el tamaño de nuestro ministerio.

A través de la fe podemos entrar en una relación profunda con Dios; de este modo, transformaremos las circunstancias positivamente y llamaremos las cosas que no son como si fuesen. Podremos cambiar lo caótico en algo hermoso, y tornar las adversidades en peldaños que nos lleven a conquistar las más grandes bendiciones.

Una de las exhortaciones hechas por el Señor a la iglesia de Laodicea, es la de ungir sus ojos con colirio “para ver”. Esta iglesia había apostatado de su fe y, por tal motivo, había perdido la visión espiritual. Aunque en lo externo aparentaba una gran prosperidad, internamente se hallaba pobre, ciega y desnuda. Cuando tenemos la vista espiritual desarrollada, podemos percibir nítidamente las bendiciones que Dios preparó de antemano en los lugares celestiales para nosotros.

Debemos entender cómo esto es un privilegio que el Señor dio a cada uno, y tanto usted como yo estamos incluidos, el Apóstol dice: “Nosotros todos”. Debe haber un esfuerzo de nuestra parte para visualizar claramente, no podemos hacer de la oración algo mecánico, tenemos que llenarla de vida y fuerza. Dentro nuestro debe levantarse una fuerza espiritual para aquietar la mente y las emociones y que éstas no interrumpan nuestra relación con Dios. De este modo, podremos ver Su gloria y oír la voz del Espíritu Santo hablando a nuestros corazones.

A medida en que logramos tener intimidad con Dios, seremos transformados en esa imagen de gloria captada por nuestro espíritu. Ver la gloria de Dios es similar a lo que Jacob definió en su experiencia al luchar con el ángel, llamando el nombre de aquel lugar “Peniel”: “Vi a Dios cara a cara, y fue liberada mi alma” (Génesis 32:30b).