19 DE OCTUBRE · EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA

Desde el inicio de Su ministerio, Jesús sabía que venía a este mundo con la misión específica de establecer el Reino de Dios. De eso se trató el primer mensaje que dio en público “…El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Luego de la caída del hombre, Dios prometió redención. Por medio de ella el ser humano sería libre de la esclavitud del pecado y del control de Satanás; por medio de ella, sería trasladado de las tinieblas al reino glorioso de nuestro Padre Celestial.

Pero transcurrieron varios milenios hasta ver el cumplimiento de aquella palabra. La única forma en que la redención se podía llevar a cabo era si Jesús, el Hijo de Dios, tomaba forma de hombre y, en esa condición, se enfrentaba al tentador y lo vencía. Por tal motivo, al comenzar Su ministerio lo primero que Jesús dijo fue: “El tiempo se ha cumplido…” ¿A qué tiempo se refería? Sabemos que ése era el momento exacto de Dios para que Su Hijo derrotara al adversario en su propio terreno y para que trajera Su reino a este mundo. Pero, a pesar de ello, la estrategia del enemigo siempre ha sido poner una venda en los ojos de los creyentes, para que estos no lleguen a la comprensión de dicha promesa, pues sin entendimiento, no hay apropiación; y sin aceptación, los cristianos se harán a la idea de que no podrán recibir el Reino de Dios en esta tierra, sino sólo en la patria celestial, cuando hayan partido de este mundo. Jesús tenía dos naturalezas, una divina y una humana.

Él era tanto Hijo de Dios como Hijo de hombre. Pero, aun así, se despojó de Su naturaleza divina y aceptó vivir dentro de un cuerpo mortal. Cristo trajo el Reino de Dios al mundo en forma de hombre y no en Su condición divina. Sabemos que Él pagó un precio muy alto por ello, pero lo hizo para que el reino de las tinieblas no tuviera influencia alguna sobre ninguno de aquellos que habían creído a su evangelio. La única manera en que el ser humano podrá apropiarse de las bendiciones celestiales es reconociendo sus propios errores y decidiendo experimentar un genuino arrepentimiento. De este modo, dará la espalda al pecado, sus ojos espirituales se abrirán y podrá ver que el Señor ya nos bendijo con toda clase de bendición en los lugares celestiales (Efesios 1:3).

Así como Jesús enseñó a sus discípulos a decir: “venga tu reino”, que ese sea su deseo hoy, que el Reino de Dios sea establecido en cada área de su vida, en su hogar, en su barrio y también en su nación.