AGOSTO 13 · EL PRECIO FUE PAGADO

Si un padre de familia reúne a sus seres queridos y les dice: “Esta noche voy a protegerlos y liberarlos de cualquier ataque del adversario, y enfrentaré a ese espíritu de muerte para darles liberación plena…” ¿Qué cree usted que podría acontecer a ese padre de familia? El mandato de Dios fue muy contundente: “…y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana” (Éxodo 12:22). La Biblia registra el caso de un padre de familia que salió fuera de la puerta y se enfrentó al ángel de la muerte que lo hirió, pero el único que podía salir de la puerta era Jesús. Jesús le dijo a la iglesia: “Quédense en la casa, la tarea de enfrentarse a la muerte es algo que el Padre preparó exclusivamente para Mí”; por eso, salió y padeció fuera de la puerta. Jesús desafió a la muerte cuando dijo: “…destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19). No estaba hablando a los fariseos, sino que estaba hablando al mismo ángel de la muerte, pues Él sabía que Su muerte era el precio a pagar por el rescate del mundo.

Jesús había enseñado a Sus discípulos diciéndoles: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Cuando se enfrentó a la muerte, esta lo hirió, pero la Sangre derramada por Jesús salpicó el dintel y los postes de la casa. Por medio de Su Sangre, estaba ofreciendo protección permanente a cada uno de Sus hijos.

El diablo demandaba un precio de sangre. Por eso, el primer juicio enviado por Dios a los egipcios estuvo dirigido a las altas esferas satánicas, pues el Faraón vivía rodeado de ministros satánicos cuyo poder dependía de los sacrificios de sangre que ofrecían al adversario. Aunque el ángel de la muerte fue liberado para que tocara a todos los primogénitos de Egipto, como Israel moraba en el territorio de los egipcios también estaba expuesto a que la muerte tocara a sus primogénitos. Pero Dios puso un cerco de protección a través del sacrificio de la pascua, aunque era tan sólo un tiempo de espera de parte de Dios hasta que viniera Su Hijo.

Jesús pagó un altísimo precio el cual fue Su Sangre la cual fue derramada que fue rociada sobre Su Iglesia para que todos los que estén bajo esa cobertura, vivan bajo la protección divina. El espíritu destructor no podrá entrar donde vea la marca de la sangre, dado que significa que el precio por la redención ya ha sido pagado.