FEBRERO 10 · EL PRECIO DEL RESCATE

Hay personas que piensan que la salvación debe tener algún precio. Y es cuando pretenden comprarla de alguna forma, ya sea con sacrificios personales, con penitencias, con oraciones prolongadas, con ofrendas o trabajos sociales. Así como el enemigo en una ocasión utilizó el engaño para atraparnos con el pecado, Dios utiliza la verdad del evangelio para rescatarnos del error y concedernos la vida abundante. No pagamos ningún precio cuando pecamos; tampoco debemos pagar un precio por nuestro rescate. Tenemos que llevar el evangelio gratuito a la gente, porque las personas fueron vendidas al pecado sin precio, y sin precio es la salvación. No tienen que pagar nada, no tienen que hacer nada, solo aceptarla y apropiarse de ella.

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” (Isaías 52:7). Es interesante que el texto no dice: “¡Cuán hermosos son los pies del que tiene una bella empresa!”, o “¡Cuán hermosos son los pies del que hace mucho dinero!”; el halago es para quienes son portadores de alegres nuevas, dando a entender que el evangelio es un mensaje que produce alegría. Nosotros no predicamos el mensaje de condenación para hacer sentir más miserables a las personas, nuestras expresiones llevan el propósito de levantar el ánimo a aquellos que posiblemente se encuentran atribulados. 

Sabemos que la Palabra de Dios tiene un mensaje de esperanza para cada creyente, pues produce alegría en el corazón de la persona que lo recibe. A través de la fe, transmitimos esperanza a la gente y le enseñamos a depender totalmente de Dios. El mensaje que proclamamos es un mensaje de paz, de reconstrucción de hogares, de restauración de finanzas, de renovación de salud, de restitución en cada área de la vida, de todo.