2 DE FEBRERO · EL PRECIO DE LA REDENCIÓN

Un pastor que realizaba visitas casa por casa, vio a través de la puerta de una humilde
cocina a una sencilla mujer, muy atareada con el lavado de un cesto de ropa, pero
cantando alegremente.
-¿No hay nubes en su cielo, amiga? Preguntó
– ¡Oh, sí; ya lo creo que las hay…! – Fue la respuesta que obtuvo – pero, si no las
hubiese, señor, ¿de dónde bajarían las grandes lluvias de bendición?
No siempre son bienvenidas las nubes a nuestras vidas. Normalmente nos gusta que
nuestro cielo esté despejado, que el sol esté brillando y todo esté en calma. Pero, ¿Qué
sucede cuando llegan nubes oscuras?
Mucha gente se violenta con la situación, se deprime, dejan de confiar en Dios y tratan de
espantar las nubes a su manera, sin darse cuenta que esos problemas que llegaron a
nublar nuestras vidas pueden contener grandes bendiciones.
Las pruebas siempre llegarán con un propósito y depende de cada uno de nosotros el
superarlas exitosamente o fracasar en el intento. Santiago, en el capítulo 1, versículos 2 y
3 dice: “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas,
considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre
que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. (NTV)
Vamos, canta, aunque tu cielo esté completamente cubierto canta. No permitas que unas
nubes te roben el gozo ni la paz que Dios deposita en nuestros corazones, ten la certeza
de que esas nubes vienen cargadas de bendiciones.