AGOSTO 9 · EL POSTRER ADÁN

En el discurso que el apóstol Pablo dio en Atenas, dijo: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra. (Hechos 17:26). Con esta expresión, el Apóstol dice que nuestro código genético, tiene un trasfondo: “Adán”. De ese linaje venimos todos, razón por la cual el apóstol Pablo en su carta a los Corintios presenta los dos linajes; el linaje de Adán quedó reducido a alma viviente; pero predominó el linaje de Jesús, Espíritu vivificante. Como todos tenemos el ADN de Adán; la manera en que logremos a llegar a ese cambio lo expresa diciendo: “Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”. (Hechos 17:27).

Cuando el primer hombre, Adán, alma viviente, pecó, su sangre fue lo primero que se contaminó y esto alteró su código genético. Al ser contaminada su sangre, Adán dejó de ser autoridad y se convirtió en esclavo. Su mala decisión lo sacó del propósito divino e invalidó todos los privilegios que Dios había establecido de antemano para él y su descendencia; lo bajó del nivel de gobernar a ser gobernado; de dirigir a ser dirigido, de ser una persona libre a vivir en esclavitud; de disfrutar de la relación con Dios a tener que vivir huyendo de Él. De esto derivó un linaje de esclavitud que se extendió hasta que vino el último Adán.

Adán era el producto original de Dios para el mundo, pero el pecado que cometió lo marcó con un estigma que se reprodujo en toda su descendencia. Dios tenía que cerrar ese capítulo para ayudar a la humanidad, pero sólo pudo hacerlo al llegar el último Adán. El primer Adán abrió la puerta a la maldición. El último Adán, que es Jesús, padeció todas las consecuencias del pecado y voluntariamente decidió ofrendar Su vida.

Para redimir a toda la raza humana de la contaminación del pecado, era necesario que viniera un segundo hombre (1 Corintios 15:47). No podía provenir de la misma línea genealógica del primero; por eso, cuando el ángel apareció ante la virgen María le dijo: ¡Salve, eres bienaventurada! El Señor está contigo, porque a través de ti Dios pondrá un nuevo código genético en tu vientre y vendrá un segundo Adán, Jesús el Salvador del mundo (Lucas 1:28-31).