4 DE AGOSTO · EL PODEROSO Y ETERNO DIOS

Abraham llegó a Beerseba, allí conoció a Dios, como el Dios eterno. Esto produce un cambio en su comportamiento; aunque posee usa las cosas de este mundo, su corazón no está ya ligado a lo material. Si servimos a un Dios eterno, no estaremos atados a nada. Al conocerlo, vivimos en este mundo sabiendo que somos peregrinos, nuestra ciudadanía verdadera es celestial.

“Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena…” (Hebreos 11:9). Debemos tomar conciencia de que todo lo que hacemos aquí en la tierra debe estar con proyección hacia la eternidad. Las acciones, las palabras, los pensamientos son la materia prima con la cual construimos el hogar en la eternidad.

Es vivir aquí, como si uno estuviera en el cielo. Nuestra naturaleza es eterna; el cuerpo es sólo el vestido que Dios le hizo al alma y al espíritu. En el principio, el hombre vivía en estado de inocencia permanente; pero, a partir del pecado de Adán y Eva, ya a los siete años el individuo tiene conciencia. La Cruz absorbió la naturaleza pecaminosa y, en la resurrección de Jesucristo, se absorbió toda debilidad de la carne, porque levantó el cuerpo y lo hizo inmortal.

El espíritu absorbió la carne y le dio naturaleza eterna. Sorbida fue la muerte en victoria y el cuerpo, libre de corrupción, vivirá por la eternidad. La Palabra declara: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1b).

Es poderoso comprender el significa de EL SHADDAI: EL significa Todopoderoso; Shaddai viene del vocablo hebreo Shad, el cual se relaciona con el pecho materno. Después de andar veinticuatro años sin ver el cumplimiento de la promesa, Dios se reveló a Abraham como El Shaddai. En esta grandiosa revelación, Dios estaba llenando los vacíos emocionales en la vida del patriarca, entendiendo que las experiencias que marcan profundamente el corazón de las personas son aquellas vividas en los primeros cinco años de vida.

Posiblemente en la vida de Abraham hayan quedado esos vacíos y, aunque pasaron años, nada logró llenarlos, hasta que Dios se le reveló como ese Dios paternal que todo lo puede, sin limitaciones, para el cual no hay nada imposible. También se le mostró como ese Dios maternal que nutre y vitaliza las emociones de las personas. Cuando Abraham vive esa experiencia, Dios le dice: “…anda delante de mí, y sé perfecto” (Génesis 17:1c).

Para andar delante de Dios en perfección se necesita tener un corazón sano. Dios decide así establecer Su pacto, no sólo con Abraham, sino también con toda su descendencia. Dios cambia de inmediato el nombre de Abram (padre enaltecido) por Abraham (padre de multitudes), ya que el cambio de nombre es un cambio de naturaleza. Con esta revelación, Abraham entendió que había llegado el tiempo del cumplimiento de la promesa. Esa experiencia lo marcó y fue la puerta a una nueva etapa en su vida.