17 DE NOVIEMBRE · EL PODER DEL REINO

Desde el inicio de Su ministerio, Jesús sabía que venía a este mundo con la misión específica de establecer el Reino de Dios. De eso se trató el primer mensaje que dio en público “…El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Luego de la caída del hombre, Dios prometió redención. Por medio de ella el ser humano sería libre de la esclavitud del pecado y del control de Satanás; por medio de ella, sería trasladado de las tinieblas al reino glorioso de nuestro Padre Celestial. Pero transcurrieron varios milenios hasta ver el cumplimiento de aquella palabra. La única forma en que la redención se podía llevar a cabo era si Jesús, el Hijo de Dios, tomaba forma de hombre y, en esa condición, se enfrentaba al tentador y lo vencía.

Por tal motivo, al comenzar Su ministerio lo primero que Jesús dijo fue: “El tiempo se ha cumplido…” ¿A qué tiempo se refería? Sabemos que ése era el momento exacto de Dios para que Su Hijo derrotara al adversario en su propio terreno y para que trajera Su reino a este mundo. Pero, a pesar de ello, la estrategia del enemigo siempre ha sido poner una venda en los ojos de los creyentes, para que estos no lleguen a la comprensión de dicha promesa, pues sin entendimiento, no hay apropiación; y sin aceptación, los cristianos se harán a la idea de que no podrán recibir el Reino de Dios en esta tierra, sino sólo en la patria celestial, cuando hayan partido de este mundo.

Dios es nuestro verdadero Padre, cuando lo conocemos, Él llena todo vacío. El apóstol Pablo dijo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Nos habla de que la primera bendición, es la bendición paterna. El padre debe bendecir a sus hijos; así como nosotros recibimos la bendición de Dios Padre. La palabra bendecir significa: Desatar bien y hacer bien a los hijos. La palabra maldecir significa decir mal, hablar mal y desatar mal a los hijos.

Un padre puede maldecir a un hijo con sus palabras. Cuando usa expresiones de rechazo, o de menosprecio o dice vulgaridades a sus hijos, esas palabras son como una voz profética, que producen un efecto en los aires, y transforman las circunstancias, para que se cumpla lo que dijo; pues todo lo que el padre diga vendrá sobre sus hijos.

Debemos entender que en este mundo donde viven más de seis mil millones de personas, son muy pocos los que han sido escogidos para ser parte de la familia de Dios, y dentro de esos pocos, nos encontramos usted y yo; usted está ingresando a la familia real; debe aprender, cómo vive y cómo se comporta un príncipe, pues usted ya es un hijo del Rey.