MARZO 14 · EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

En el día de Pentecostés el Espíritu Santo descendió con poder. Mientras hablaban en otras lenguas, algunos se burlaban y decían que estaban borrachos. Pedro se levantó diciendo que no lo estaban, sino que eso era lo que había hablado el Señor a través del profeta Joel, y presentó de nuevo la profecía dada mucho tiempo atrás. 

Cuando la unción de Dios viene, se extiende a los nuestros e incluye a la familia. La Biblia no dice que los hijos se rebelarían contra todo, sino que profetizarían, es decir, Dios pone un sello que se extiende a la familia y viene la unción para que los hijos sean Sus profetas; aunque no estén en Sus caminos, la profecía dice que profetizarán para Él. La unción también vendrá a los jóvenes y ellos verán visiones; habla de los ancianos, pero éstos no son sólo los de avanzada edad, sino los maduros espiritualmente. Por último dice que sobre Sus siervos y Sus siervas derramará Su Espíritu en los postreros días. 

Crea que Dios quiere obrar a través de su vida. Él ya le ha dado como regalo los dones del Espíritu Santo. A sus discípulos antes de ascender al cielo les dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8)

Dígale al Señor que anhela conocerlo de una manera personal y permita que el maravilloso Espíritu Santo tome todo su ser, es decir, su espíritu, su alma y su cuerpo, y que su vida sea el reflejo de Su gloria.