15 DE SEPTIEMBRE · EL PODER DE LA PALABRA HABLADA

“Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”. (Juan 12:50). El Señor Jesús sabia que estaba a pocos días de su sacrificio y es cuando el expresa a sus detractores: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (Juan 12:26-28).

Todo lo que Dios es, fue manifestado en la persona del Señor Jesucristo. Jesús es el Verbo encarnado de Dios, y aunque siempre ha existido. Sabemos que en Jesús habita corporalmente la plenitud de la deidad, por eso fue el único que con su palabra doblegó todas las fuerzas adversas, calmando con su palabra los vientos y los mares, echando fuera los demonios, sanando a los enfermos y resucitando a los muertos. Jesús tiene todo el poder del Espíritu Santo. Aunque Satanás astutamente trato de sacarlo del propósito divino, solo con confesar la palabra de Dios, doblego y debilito toda la fuerza del adversario.

Jesús tuvo que enfrentarse al adversario en su condición de Hombre, pues al venir a este mundo, se había despojado de su deidad; y aunque Dios estaba de su lado, Él tenía que enfrentar su propia lucha. Legiones de Ángeles estaban a su disposición, esperando tan solo una orden de el, para doblegar cualquier poder de las tinieblas. Pero Jesús no quiso recurrir a ninguno de ellos; pues al vencer al enemigo, nos dejaba el camino completamente despejado, para que nosotros lo venciéramos en su nombre.

En el Salmos 119:25 el Salmista dijo: “Abatida hasta el polvo está mi alma; Vivifícame según tu palabra” El salmista entendió que si Dios lo vivificaba, seria libre de toda clase de abatimiento y aflicción, usted recordara cuando el centurión tenia a su siervo bastante enfermo, y lo único que este hombre le pide al Señor es que El, mencione su sanidad y el milagro ocurrirá. Este hombre le quiso decir al Señor: Señor yo entiendo muy bien lo que es el poder de la palabra en la boca de un líder, si yo que soy un simple centurión, tengo siervos que obedecen a mi mandato inmediatamente, cuanto mas te obedecerán aquellos Ángeles que están a su servicio, pues cada palabra que salga de tu boca, aquellos Ángeles, harán cualquier cosa, para que lo que tu digas suceda. Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.” Para que el milagro vivificador sucediera, se necesitaba la palabra, y este hombre entendió que no necesitaba la presencia física del Señor, sino el poder de su palabra.

La Palabra de Dios no está limitada a un lugar. Pablo lo entendió y dijo: “La Palabra de Dios no esta presa”. La Palabra de Dios no tiene barreras, no hay murallas que la detengan, pues a través de su palabra Dios puede suplir cualquier clase de necesidad que su pueblo tenga.