26 DE JUNIO · EL PODER DE LA BENDICIÓN

La Palabra de Dios es la única que puede producir fe en nosotros; sólo a través de la fe, podemos relacionarnos con Dios. Al entrar en contacto con Su Palabra a través de la fe, Su maravilloso mundo empieza a abrirse ante nosotros, podemos ver con los ojos espirituales todo lo que Dios reservó para aquellos que le aman, lo cual jamás el ojo humano ha podido ver, ni oído ha podido escuchar, ni la mente del hombre ha podido imaginar. El Apóstol Pablo presentó algunos aspectos fundamentales, corriendo el velo y revelando a los creyentes las bendiciones reservadas para quienes hemos creído en Jesucristo.

Pablo enseña que Nuestro Padre Dios nos bendijo. Debemos entender que la bendición es lo opuesto a la maldición, ambas tienen poder. La bendición tiene el poder de edificar, restaurar, sanar y resucitar; mientras que la maldición tiene el poder de hurtar matar y destruir. (Juan 10:10). El conquistar la tierra de Canaán para el pueblo de Israel era apropiarse de las bendiciones que Dios tenía reservadas para ellos; lo único que les podía ayudar para que les perteneciera, era obedecer cada una de las palabras dadas por Dios. Lo mismo sucede con los creyentes.

Dios ha reservado toda una tierra de promesas para nosotros a través de su palabra. Cada una de ellas, al ser revelada por Su Espíritu, se convierte en el territorio que debemos conquistar. Pablo dijo que “…todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén…” (2 Corintios 1:20). Cuando creemos y confesamos Sus promesas, éstas pasan a ser parte de nuestra vida.

“Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:14). Y en el verso 29 añade: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

La bendición de Dios está dirigida a la simiente de Abraham, la cual nos incluye pues Jesús es el verdadero linaje de Abraham y, nosotros por ser de Cristo, recibimos legítimamente este derecho y podemos disfrutarlo.

Abraham tenía la promesa, había caminado ya varios años con la promesa pero llegó a un punto donde la situación se le estaba saliendo de las manos y él estaba prácticamente en una lucha con Dios y en oración le dice: “Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”. (Génesis 15:3-6).