30 DE JULIO · EL PODER DE LA REDENCIÓN

El Apóstol Juan enseña que lo que esta escrito en La Biblia, es para protegernos del pecado, y al mismo tiempo presenta a Jesús como el que se hizo responsable de nuestros pecados y quien pago el precio que nosotros merecíamos; en la cruz del calvario. Cuando David fue confrontado con su pecado se humilló y gimió a Dios, pues sus ojos espirituales fueron abiertos.

Cuando una persona comete adulterio, tres demonios en el mundo espiritual, asignados por Satanás, toman control sobre la familia. Uno de ellos comienza a controlar la vida del hombre, otro la vida de la mujer y el último, la de los hijos. Estos tres trabajan en equipo, tratando de causar profundas heridas e inconformismo en cada uno de ellos.Algunos no soportan la presión y el hogar termina destruido. “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones” (Salmos 51:1).

Él entendió que necesitaba la misericordia divina; reconoció que el adulterio y el homicidio constituyen rebeliones contra el Señor. No sólo pidió que las borrara sino también clamó: “Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmos 51:2-3). David tuvo consciencia de su pecado, no lo justificó; lo reconoció y dijo: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio” (Salmos 51:4).

Tener una conciencia transparente, es el resultado de sentirse en paz consigo mismo y con Dios. La culpabilidad debilita a las personas para que se sientan impotentes en cualquier situación, permitiendo que las fuerzas adversas las esclavicen. debemos pedirle al Señor que nos dé espíritu de templanza, de pureza y de santidad para mantenernos firmes en las pruebas. “Purifícame con hisopo, y seré́ limpio; Lávame, y seré́ más blanco que la nieve” (Salmos 51:7).

El hisopo es una planta que usaban los judíos para esparcir la sangre del sacrificio; esto es un prototipo del sacrificio de Jesús, pues representa la confesión de lo que la Sangre de Jesús hizo por nosotros. Cuando damos testimonio que la Sangre de Jesús nos limpió de todo pecado, nos purificó de toda maldad, nos justificó ante Dios y nos santificó, se cancelan todos los argumentos que había en nuestra contra, pues la Sangre de Jesús los anula y estos carecen de poder en el mundo espiritual. Gracias a ello podemos vivir con una conciencia limpia.