21 DE JUNIO · EL PODER DE LA PASCUA

La operación era urgente, un transplante de corazón, por eso condujeron al hospital a Robert Loignon de 22 años de edad de Montreal Canada. Un accidente de motocicleta había dejado clínicamente muerto a un joven y los familiares habían autorizado que se donara su corazón para el transplante, ¿pero qué de la sangre?

Mario Lucier, un joven de 24 años de edad, se ofreció para la transfusión de sangre. Cuando el médico a cargo de la cirugía vio el parecido de la sangre del donante con Robert, el enfermo, esto lo inquietó. El médico recordó que hace 5 años le había hecho la misma operación a Mario Lucier y comenzó atar cabos, fue así como se descubrió la grata verdad, Robert Loignon y Mario Lucier eran hermanos. Este fue un caso extraordinario, a los dos hermanos Mario y Robert, los habían separado desde la infancia, la causa fue la muerte de la madre ocasionada por un ataque al corazón cuando nació Robert.

Criados por familias distintas nunca supieron el uno del otro hasta que en el mismo hospital, por la misma operación y con el mismo médico, llegaron a conocerse. Tuvo razón el médico al afirmar: “el vinculo de la sangre nunca falla”.

Jesucristo, el hijo de Dios, donó su sangre al morir por nosotros para que pudiéramos tener un nuevo corazón, y así disfrutar de vida abundante y eterna. Cuando aceptamos su oferta de reconciliación descubrimos el amor de Dios.