6 DE OCTUBRE · EL PODER DE LA PALABRA

Huyendo del Japón durante los años en que el cristianismo era proscrito, Shimeta Neesima arriesgó su vida en busca del Dios de la Biblia. Habiendo leído secretamente el libro prohibido en una biblioteca, el joven dejó su patria con nada más que su ropa y sus espadas que le identificaban como un samurai. Trabajando como marinero de cubierta para pagar su pasaje, desembarcó en Boston y se hizo amigo de un mercader que le guió a la fe en Jesucristo y pagó su educación.

Su pasión por la Palabra lo llevó a ser un ministro cristiano y regresó a su tierra natal con la visión de introducir la educación cristiana en el Japón. Inicialmente estableció una escuela con siete estudiantes en dos pequeños cuartos, y la llamó Escuela de Doshisha (Un propósito). El rápido crecimiento permitió que la escuela se expandiera hasta formar una universidad, con el único propósito de capacitar a los cristianos en la Palabra y en el liderazgo para la sociedad japonesa, en profesiones como: editores, médicos, abogados, hombres de negocios, ministros del evangelio, a pesar de la intensa resistencia por parte de las autoridades locales.

Consumido por su visión para Japón, Shimeta pidió unos pinceles en su lecho de muerte, en 1890. Con el mapa de Japón ante él, empezó a subrayar los lugares que creía estratégicos para la evangelización del país. Manejando pinceles en vez de espadas y sirviendo a Jesucristo, y no a un jefe militar, este antiguo Samurai usó su último aliento para trazar el bosquejo de misiones para expandir el evangelio en Japón.