17 DE AGOSTO · EL PODER DE LA PALABRA HABLADA

Por lo general nuestras palabras son el resultado de lo que hemos atesorado en nuestro corazón. Nuestras palabras se convierten en profecías; son la ruta del destino de cada persona. Con las palabras las personas pueden construir la escalera que los llevara hacia el cielo o deslizarse en el tobogán que los llevara al infierno.

El Reverendo T.L. Osborn compartió acerca de un discípulo suyo que fue a orar por el único hijo de una señora, enfermo de cáncer. Ella le dijo que no orara por el joven porque sabía que el Señor había enviado esa enfermedad para que su hijo fuera salvo. La respuesta fue: “Muy bien, voy a orar de acuerdo con su fe. Dios, manda tres cánceres más a este joven…”. “¿Qué está haciendo?”. “Señora, ¿acaso no me dijo que Dios mandó la enfermedad para que su hijo se salve? La estoy ayudando, pido más enfermedad para que sea salvo”. Ella comprendió que ese no era el propósito de Dios y pidió oración para que su hijo se sanara. Oraron por él y fue sano ese mismo día.

Dios nos dio el gran privilegio de cambiar todas las circunstancias adversas en un fértil terreno de bendición a través de nuestras palabras. Salomón dijo: “Te has enlazado en los dichos de tu boca, has quedado preso en lo que tú has dicho con tus labios” (Proverbios 6:2). Conforme a sus palabras acontecerá con su vida. Algo que muchos no han entendido es la importancia de bendecir; la palabra “bendecir” significa “decir bien”. “Beraca” es un vocablo hebreo que significa “desear el bien a otra persona”. Con nuestras palabras podemos elogiar, halagar, motivar, etc.; Esto es más beneficioso que regañar, criticar, avergonzar, etc.

En la boca de todo creyente debe haber siempre una palabra de bendición, pues hay un gran poder en cada una de las frases que expresamos. Hablar las palabras de Dios pone a trabajar el reino espiritual. Si las palabras son de fe y de bendición, comienza a operar todo el reino angelical dirigido por el Señor. Mas cuando se hablan palabras negativas, de amargura o de maldición, entra en acción el reino de las tinieblas.

Jesús dijo: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.” (Mateo 12:33).

El Señor compara nuestras vidas con los arboles, y el fruto es de acuerdo a la naturaleza del árbol; si las personas tienen un corazón lleno de amargura y dolor, su fruto será de queja, de lamento y de frustración. Si el árbol es bueno su fruto ser de paz, gozo y alegría; que su mejor expresión es a través de la adoración a Dios.