10 DE NOVIEMBRE · EL PODER DE LA PALABRA DE FE

Cuando se inician los primeros pasos en la vida cristiana, el Señor comienza a prepararnos a fin de que desarrollemos el ministerio que Él ideó para que realizáramos mientras estuviésemos en este mundo. Las diferentes pruebas y adversidades que debemos atravesar, nos van dando el carácter y la tenacidad que se necesitan para poder entrar en la dimensión del liderazgo, pues a mayor desafío, mayor esfuerzo.

Algunos son llamados por el Señor en los primeros años de su vida; otros, en su juventud; mas otros son convocados por Él en su vida adulta. Pasando por alto la edad, Dios es poderoso para usar cada uno de nuestros días de una manera extraordinaria. La fe surge escuchando la voz de Dios dándonos la capacidad de creer, y así cambiar las circunstancias en forma positiva.

Pero es indispensable oír lo que Dios dice al respecto, pues todo lo que nosotros queramos conquistar, tiene que estar avalado por la Palabra de Dios. En ella podemos encontrar la semilla de vida; cuando ésta sea sembrada en un corazón sano y lleno de fe, germinará y dará el fruto del milagro que se desea. Esto se debe a que todo el poder de Dios está concentrado en su Palabra, y solo nuestra fe puede activar ese poder y ponerlo en acción. Nuestros oídos tienen la capacidad de escuchar muchos sonidos a la vez. Por eso, el éxito en oír la voz de Dios depende de nuestra atención.

Es decir, debemos escuchar atentamente la voz de Dios a fin de que Él pueda mostrarnos los propósitos que tiene para nuestra vida, y solo escucharemos esa voz a través de su Palabra. Debemos saturar nuestra mente de las Escrituras, pues aunque contengan muchas historias acontecidas hace miles de años atrás, el accionar de nuestro Señor en ellas, nos revela que es igual de poderoso en estos días como lo fue en aquéllos. La Palabra de Dios no está sujeta a tiempo ni espacio, y Dios no se rige por leyes humanas; fue Él quien estableció el tiempo para los seres humanos, y no hay tiempo establecido para Dios; Él es por siempre y para siempre.

Su Palabra se halla en el plano espiritual; y siempre lo espiritual domina sobre lo natural. Cuando la palabra sale de la boca de Dios, no puede regresar hasta que haya cumplido todo aquello para lo cual fue enviada. Mientras haya una sola vida dispuesta a creer en ella, la Palabra cobra fuerza para cumplir su misión en esa vida. Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, más mi palabra no pasará” (Marcos 13:31).

Cuando se escucha con atención la Palabra de Dios, esto produce cierto efecto en el mundo espiritual. Una sola palabra salida de la boca del Señor, se convierte en la llave que abre la puerta a la bendición a través de la fe. “La fe viene por el oír”. Si la fe “viene”, significa que antes no estaba, y su venida sucede cuando creemos con todo nuestro corazón en lo que Dios nos está hablando.