FEBRERO 12 · EL PODER DE LA EVANGELIZACIÒN

Los que ignoran quien es el Espíritu Santo (no conocen Su poder, no lo experimentan, y por lo tanto viven bajo opresión), y aquellos que sí lo conocen, lo cual les permite moverse en la dimensión de lo sobrenatural.  Llevar a cabo la obra de Dios con éxito, implica tener el poder del Espíritu Santo dentro de nuestras vidas. No podemos hacer a un lado la unción de Dios y dejar que nuestra mente se conforme sólo con tener información teológica. Debe haber un equilibrio; necesitamos prepararnos e instruirnos, pero también conocer y recibir el poder del Espíritu Santo. 

Cuando los apóstoles recibieron el poder del Espíritu Santo, entraron a otra dimensión, y Él respaldaba todas las obras evangelísticas que ellos llevaban a cabo.  Días antes de haber recibido la promesa, Pedro había negado al Señor en tres ocasiones, pues en su corazón había temor; más cuando él recibe la promesa del Espíritu, el temor sale de su vida y es revestido del poder de Dios, que ahora moraba en él.  En la fiesta del Pentecostés los ciento veinte discípulos que allí estaban fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas las maravillas de Dios.  

A todos los judíos allí presentes les predicó un poderoso mensaje, entre ellos estaban aquellos que días antes habían llevado a Jesús a la Cruz. Pedro ya tenía otro corazón, era  el poder del Espíritu Santo. No temía ni a la muerte ni a la persecución. Les habló con tanto poder y autoridad, que tres mil de ellos decidieron entregar sus corazones a Jesús.  A partir de ese momento, los apóstoles se dedicaron a hacer la obra de Dios, en la unción de lo sobrenatural.