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“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 2:11).

Para que el Reino de Dios se establezca en cada ciudad y nación, es importante que los creyentes aprendamos a usar la autoridad que el Señor nos dio para confrontar los poderes adversos. No existe otra manera de vencer al enemigo si no es aplicando el poder de la Sangre de Cristo. La Sangre de Jesús ata, neutraliza y aniquila los poderes demoníacos en los aires. Es lo que doblega al dragón, a la serpiente antigua, al diablo, a Satanás. Cuando aplicamos correctamente la Sangre de Jesús, se da libertad a Miguel, príncipe de las huestes angelicales, para reprender su poder y se genera una liberación plena, conforme lo enseña Apocalipsis 12:7-10.

CONFESANDO LO QUE LA SANGRE DE JESÚS HIZO POR NOSOTROS

En el Antiguo Testamento se usaba el hisopo mojándolo en sangre y aplicándola pero, en el Nuevo Testamento, el Señor nos lleva a dar un paso más allá. El hisopo es un prototipo de la confesión que hacemos de lo que la Sangre de Jesús hizo por nosotros.

Cuando usted entrega su vida a Jesús, dice: “Señor, admito que soy pecador, me arrepiento de todo lo malo que hice; rescátame, sálvame, te entrego mi vida.” De inmediato, la Sangre de Jesús derramada en la Cruz del Calvario lava y limpia su vida. Usted debe aplicar la sangre de Jesús con el hisopo, que es su confesión, y declarar si es posible de una manera audible lo que la sangre de Jesús hizo por su vida.

PRIMERA CONFESIÓN: “POR LA SANGRE DE JESÚS HE SIDO REDIMIDO DEL PODER DEL ENEMIGO”.

En la carta que San Pablo escribe a los efesios, dice: “En quien tenemos redención por su sangre…” (Efesios 1:7a). La palabra redención o redimir significa rescatar, quitar de las manos del que cautivó nuestras vidas, esto fue lo que Jesús hizo por nosotros.

SEGUNDA CONFESIÓN: “POR LA SANGRE DE JESÚS TODOS MIS PECADOS HAN SIDO PERDONADOS”.

“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). Una estrategia del adversario es hacernos creer que algunos pecados aún no han sido perdonados; lo hace para mantener el control de nuestra vida. Pero confesamos con la plena certeza que todos nuestros pecados ya fueron perdonados por la Sangre de Jesús, experimentamos victoria. Usted debe proclamar que por la Sangre de Jesús todos sus pecados han sido perdonados.

TERCERA CONFESIÓN: “SI ANDO EN LA LUZ, COMO ÉL ESTÁ EN LA LUZ, TENGO COMUNIÓN Y LA SANGRE DE JESUCRISTO, EL HIJO DE DIOS, ME LIMPIA DE TODO PECADO”.

“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). La Sangre de Jesús mantiene un proceso de purificación y santificación en nosotros que impide que la mancha del pecado toque nuestro corazón. Él mantendrá nuestras vestiduras limpias, conforme lo dice en Eclesiastés: “En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza” (Eclesiastés 9:8).

CUARTA CONFESIÓN: “POR LA SANGRE DE CRISTO SOY JUSTIFICADO”.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira» (Romanos 5:8-9).

Dios nos ve tan justos como si nunca hubiésemos pecado. Este concepto se amplía cuando escribe a los corintios, diciendo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21).

QUINTA CONFESIÓN: “POR LA SANGRE DE CRISTO SOY SANTIFICADO”.

“Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12). Al confesar que por la Sangre de Jesús fuimos santificados, decretamos que Su carácter santo está en nosotros.

Haga de la confesión de la Sangre su estilo de vida y de oración.

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DÍA 3 · EL PODER DE LA CONFESIÓN DE LA SANGRE DE JESÚS

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