19 DE JULIO · EL PADRE DE LA FE

Abraham es el ejemplo por excelencia de lo que debe ser un hombre de fe. Quien quiera relacionarse con Dios, sólo puede hacerlo a través de ella.

Abraham fue obediente a cada palabra que Dios le dio. Salió de su tierra, de su parentela y de la casa de sus padres. “Y se fue Abram, como Jehová le dijo…” (Génesis 12:4a). Él esperó el cumplimiento de la promesa, aunque las circunstancias eran adversas. “Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:21).

Hay momentos en la vida donde Dios nos lleva a dar pasos que marcan el rumbo de nuestro destino. Abraham solo contaba con la promesa que Dios le había dado, él no tenía un mapa, lo único que sabía era que Dios lo estaba dirigiendo en esta nueva etapa de su vida.

Una vez conocieron a Dios, no volvieron sus miradas atrás, se mantuvieron aferrados a la promesa como a su mayor ancla de salvación. En cada paso que Abraham daba, Dios lo bendecía: “Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13:2).