2 DE NOVIEMBRE · EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN

Cuando Dios llamó a Abraham, él estaba muy aferrado a su nación, pero de todas maneras le creyó a Dios, y Él lo hizo padre de naciones; dejó a su familia y el Señor le dio las familias de la tierra; dejó su territorio y Dios le entregó la tierra de Canaán. No tenía hijos y su edad era muy avanzada; humanamente era imposible que esta pareja de ancianos tuviera familia. Pero Dios les puso una marca: A Abraham, padre de multitudes; a Sara, princesa.

No tenía lógica alguna que a dos ancianos al borde de la muerte, sin tener ningún heredero, Dios les colocara el letrero de padre y madre de multitudes. Esto implicaba cambiar el curso de la naturaleza, y el único que lo podía hacer era Dios. Abraham decidió creerle a Dios y pudo llamar las cosas que no son como si fuesen. Pudo dar vida a aquello que estaba muerto. Pudo ver en su mente el milagro de la multiplicación y a sus descendientes aumentando como las estrellas del cielo. Nosotros, a causa de la fe somos descendientes de Abraham, y por lo tanto tenemos la misma marca dentro de nuestros corazones.

Si somos capaces de creerlo, nuestra descendencia llegará a ser tan numerosa como las estrellas del cielo o como la arena del mar. El crecimiento de la iglesia no viene por casualidad, sino que es el resultado de una conquista en el lugar secreto. Allí es donde los ojos espirituales se abren y podemos ver las multitudes. Si tenemos una imagen clara del tamaño de nuestro ministerio, Dios se glorificará dándonos lo que nosotros deseamos. El visualizar es necesario para renovar la mente. Cuando usted ve a sus discípulos en el mundo espiritual, es porque ya los conquistó, pero para esto, debe estar continuamente en la presencia de Dios.

La renovación de mente es dejar de trabajar en nuestras fuerzas, para depender completamente de Dios. Todos los que han renovado la mente, saben visualizar y saben oír a Dios. Usted primero debe visualizar su bendición para poder alcanzarla. Si usted logra captar la imagen clara de lo que quiere conquistar, lo que pueda ver a través de la fe, eso será lo que el Señor le dará, y al salir del lugar secreto, usted lo hará como un gigante. Dios, a cada uno de nosotros nos dio una medida de fe, que es la llave para conquistar aquellas cosas que en lo natural sería imposible; Pablo dijo: “… conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3).

En la medida que usted tenga contacto con las Escrituras podrá renovar su mente y la fe irá creciendo de tal modo, que usted mismo se sorprenderá de las cosas que podrá hacer para Dios. Cuando la fe entre en su corazón, comprenderá que todas las dificultades estaban en su propia mente; así, la fe se convertirá en su mejor aliado para poder ver las bendiciones que Dios tiene para usted.