3 DE AGOSTO · EL MÁS GRANDE AMOR

Jesús sabía que venía a este mundo a cumplir una de las misiones más delicadas, la redención de la humanidad, Él era consciente de que si no la llevaba a cabo, no habría una segunda oportunidad de salvación para Su pueblo; los sacrificios practicados semana a semana por Israel no eran suficientes para borrar la culpabilidad de sus almas, y por eso, Dios Padre tuvo que permitir que Jesús viniera a este mundo y se convirtiera en Cordero de expiación; la Cruz del Calvario, era el único sacrificio viable para exonerarnos del pecado de nuestros corazones y liberarnos, la voluntad del Padre era que Jesús redimiera a la humanidad, razón por la cual, preparó un cuerpo humano para que Su Hijo se encarnara en él, presentándose como sacrificio expiatorio, agradable y acepto ante Dios, Su determinación nos redimió.

Son muchos los hombres que en este mundo han escalado los más encumbrados peldaños de la fama, a tal punto que muchos de sus seguidores los tienen por divinidades y otros con alegría ofrendan sus vidas para defender sus ideales, pero la vida de Jesucristo difiere de cualquier otro ser famoso de este mundo con las siguientes evidencias:

  1. Siendo Dios, se hizo hombre. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” esto está en Filipenses 2:5-8.
  2. Siendo rico, se hizo pobre. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).
  3. Siendo santo, se hizo maldición. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).
  4. Siendo justo, se hizo pecado. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
  5. Siendo sano, llevó nuestras enfermedades y dolores. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).