10 DE FEBRERO · EL HUERTO DE BENDICIÓN

Una mujer cristiana, solía decir que ella nunca carecería de nada porque Dios supliría sus necesidades. Cuando vino un decreto de persecución y fue detenida, el juez anglicano que tenia su vida en sus manos y profesaba un gran odio a los disidentes puritanos le dijo durante el juicio: Por mucho tiempo he querido teneros en mi poder y ahora os enviaré a prisión a morir de hambre; así sabréis que los herejes no tienen ningún Padre Celestial que cuide de ellos.  La mujer respondió con confianza: Si es voluntad de mi Padre Celestial, yo seré alimentada de vuestra propia mesa.

Y así fue el caso, literalmente; pues la esposa del juez que estaba presente fue de tal modo conmovida por la firmeza de la creyente mujer, que desde entonces le envió cada día una porción de su casa, de modo que la perseguida mujer no murió de hambre hasta que vino un cambio de política que trajo su libertad.

Lo más notable del caso es que, de acuerdo con la promesa del Salvador. La esposa del juez no perdió su recompensa; pues Dios tuvo a bien convertirla un tiempo después dándole las bendiciones de su salvación.