10 DE SEPTIEMBRE · EL FLUIR DEL ESPÍRITU

El aceptar a Jesús en nuestros corazones nos trae muchas bendiciones y una de las más grandes es el privilegio de que el Espíritu Santo more dentro de nosotros. El salmista dijo: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. 9Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra”. (Salmos 139:7-10).

No exista nada que se pueda esconder de la presencia del Espíritu Santo de Dios. “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos”. (Salmos 139:1-3). Dios no solamente nos examina, sino que también conoce todo lo que hacemos, lo que pensamos y en la senda en que andamos.

Cuando el rey Salomón dedicó a Dios el templo que había construido, expresó: “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1 Reyes 8:27). Salomón pudo ver la grandeza de Dios y entendió que la tierra no era suficiente para sostener Su presencia. A través del profeta Isaías, el Señor declaró: “Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:1-2).

Pablo en su discurso a los atenienses les dijo: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos” (Hechos 17:24, 25, 28).

Siendo Dios tan majestuoso, grande y poderoso aceptó hacer del corazón del creyente Su propia morada prefirió habitar dentro nuestro, que vivir en un hermoso y lujoso santuario. A través de Jeremías el Señor expreso: “¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? (Jeremías 23:23-24).