12 DE ABRIL · EL ÉXITO ES UNA CONQUISTA

Todos anhelamos el éxito, pero no todos pagamos el precio por alcanzarlo.

O.S. Marvin dijo: “El éxito no es nunca una donación, es una conquista”. Es decir, que debe haber esfuerzo de nuestra parte, lo que implica mantener un estado de ánimo muy elevado dentro de nuestras vidas para lograrlo. Cuando empecé mi vida ministerial fueron muchos los jóvenes que ingresaron al ministerio al mismo tiempo, pero en la medida en que pasaban los años, veía cómo varios de ellos se iban quedando en el camino. Pude darme cuenta de que quienes quedaban rezagados era porque se sentían fracasados antes de empezar.

Aquellos que han perseverado se caracterizan por su fuerte espíritu de optimismo, gran entusiasmo a pesar de las adversidades, pero sobre todo por su poderosa relación con Dios. El éxito se tiene que desarrollar en todas las esferas de nuestras vidas, algunos solamente canalizan toda su energía para alcanzar cierta clase de éxito, ya sea el ministerial, el empresarial, el político o el profesional, y es bueno desear alcanzar los mejores sueños de nuestra vida, pero debemos aspirar a alcanzar el éxito pleno, que es cuando usted se siente realizado como persona.

De nuevo aclaro que no me estoy refiriendo a la parte profesional, sino a la madurez espiritual que usted haya adquirido. Un hombre no alcanza la plenitud cuando tiene dinero o reconocimiento o inteligencia, sino cuando puede relacionarse de manera libre y amorosa con el Padre Celestial.

Dios nos ha dejado valiosas herramientas como lo son la Palabra, el ayuno, la oración, la predicación, pero muchas veces no alcanzamos esa plenitud porque no nos entregamos a Dios de una manera total.

Es a esto a lo que el apóstol se refería en el verso de Corintios, todos los que corren la carrera de la vida cristiana quieren llevarse el premio máximo, pero debemos prepararnos de tal manera para que podamos conseguirlo, por eso el versículo termina diciendo “corred de tal manera que lo obtengáis”. Esto nos habla de una vida de compromiso, sacrificio y entrega genuina a la obra del Señor.

Si usted enfoca su vida y se dedica a cumplir el llamado que Dios tiene para su vida, verá el respaldo en todas las áreas de su vida.

El día de hoy me gustaría invitarlo para que rinda la totalidad de su vida a Jesús y para que se comprometa a prepararse para ser el mejor, a dar la milla extra por supremo llamamiento de Cristo Jesús y a hacer ese siervo fiel a quien el Señor le dará una gran recompensa. Estoy persuadido de que esto es lo que el Dios preparó de antemano para usted, como dice la Palabra:

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10)

¡Hoy es el día para andar en aquellas buenas obras!