6 DE SEPTIEMBRE · EL ESPÍRITU SANTO EN USTED

Pretender huir de Dios, es como tratar de escapar del aire. Dios esta en todo lugar, él llena los cielos y la tierra, aunque algunos digan que no creen en Dios; esto no neutraliza su bondad ni su misericordia para con ellos; pues Dios a cada quien le dio la libertad de escoger su destino, aquellos que le quieren servir a él, Dios se les revelara de un amanera tan clara, que no quedara en ellos sombra de duda.

En el Salmo 143:10, el salmista dijo: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.”

Cuando disponemos nuestro corazón para Dios, él nos va a revelar su voluntad y nos dará su Espíritu, para que nos guíe por la senda correcta. En su carta a los Romanos Pablo escribió: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:1).

Lo interesante es que en los versos anteriores, el apóstol se encuentra librando una de las batallas internas, que estaban a punto de llevarlo a la depresión. “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:21-24).

Pablo logra plasmar en estos versos, lo que es la lucha interna a la que el ser humano esta expuesto. Pablo quien era un gran conocedor de la ley judaica, se deleitaba leyendo la palabra y entendía todo lo que Dios le estaba mandando a través de la misma; pero también dentro de él estaba esa naturaleza rebelde que le doblegaba la voluntad y lo impulsaba al pecado. Y esto lo hacia sentir miserable, porque una parte de él quería servirle a Dios y obedecerle; pero la otra parte, lo impulsaba a rebelarse contra Dios, imponiendo la voluntad de su naturaleza carnal. Y esto lo hacia sentir miserable; pues sentía como sentenciado a la muerte.

Pero de una manera casi inmediata, viene la revelación divina diciéndole; que aquellos que andan conforme al Espíritu, no están bajo ninguna condenación. “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (V.8). Pablo entendió que la ley de Moisés solamente le había llegado a la mente, pero al recibir el poder del Espíritu Santo; la ley del pecado queda completamente invalidada.

Apreciado amigo solo por la fe en Jesús, tendremos el privilegio de que el Espíritu Santo more dentro de nosotros.