15 DE AGOSTO · EL ESPÍRITU SANTO EN MÍ

Lucas en la introducción de el libro de Hechos hace una breve síntesis del ministerio del Señor Jesús; para dejar el camino listo para que sus discípulos estuvieran preparados para recibir al Espíritu Santo. Y usa como ejemplo el bautismo con agua, para que entendieran que lo mismo debería acontecer cuando viniera el Espíritu Santo sobre ellos; donde todos deberían quedar sumergidos pero en el poder del Espíritu de Dios. Con este acontecimiento se daría inicio al ministerio del Espíritu de Dios.

Estas instrucciones llevaron a los discípulos a perseverar en oración y después de diez días sucedió lo extraordinario: la visitación del Espíritu Santo. Este fue el acontecimiento más grandioso de la humanidad después de la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús al cielo. Los discípulos tuvieron que prepararse durante diez días en oración, en quietud, en fe y en paciencia.

“Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.” (Hechos 1:14). Pedro entendió que faltaba algo para que el Espíritu Santo pudiera manifestarse; y era completar el equipo de los doce. “Y después de haber orado, la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.” (Hechos 1:26).

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.” (Hechos 2:1). Tan pronto el equipo de los doce apóstoles está completo, inmediatamente viene el pentecostés y es cuando el Espíritu de Dios se manifiesta en lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:3,4).

Ante el asombro de miles de personas que se habían acercado al lugar para saber el porque de ese gran estruendo, Pedro se pone en pie y les dice: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.” (Hechos 2:16-18). Y agrega en el verso 41 “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Es importante entender que Jesús no se atrevió a dar inicio a su ministerio, hasta que el Espíritu Santo descendió sobre él y permaneció en él. De igual manera los creyentes tuvieron que esperar con paciencia a que el Espíritu de Dios viniera sobre ellos y de esta manera empezaron a ver conversiones tan multitudinarias, como nunca antes ellos lo habían visto.