8 DE JULIO · EL ESPÍRITU DE DIOS EN MÍ

Conocer al Espíritu de Dios no es sólo el mayor privilegio que alguien pueda tener en esta vida, sino también la más grandiosa experiencia que jamás pueda ocurrirle, el Señor Jesucristo dijo que era necesario que Él se fuera de este mundo para darle lugar al Espíritu Santo, dando a entender que Su misión ya había culminado aquí, por lo que la otra etapa debería culminar a través de nosotros, pero para lograrlo, necesitaríamos la ayuda de Su Espíritu porque Jesús siendo hombre estuvo limitado por un cuerpo humano pero el Espíritu Santo no tiene ninguna limitación, pues Él puede estar en todas partes al mismo tiempo.

El salmista lo expresó de esta manera: “¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”, esto está Salmos 139 7-12, estaba claro para David quien es el autor de los Salmos, que nadie puede huir del Espíritu de Dios, ni escapar de Su Presencia.

El rey Salomón, al dedicar a Dios el templo que había construido, dijo: “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” esto está en 1 Reyes 8:27, él pudo ver la grandeza de Dios y comprender que la tierra no era suficiente para sostener Su magnífica Presencia; a través del profeta Isaías, el Señor dijo: “… El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” esto lo encuentra en Isaías 66:1 y 2, lo cual confirma lo que salmistas, profetas, reyes y hombres de Dios, habían declarado anteriormente.

Al respecto Jesús también dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” esta declaración está en Juan 7:38 y 39, el Señor estaba hablándoles de lo que sucedería después de Su partida, donde el Espíritu Santo vendría de una manera gloriosa sobre las vidas de los creyentes y a la vez haría de sus corazones Su propia morada. Recuerde que solo sabrá lo poderoso y bello que es tener al Espíritu Santo en usted cuando le permita tomar el control total de su vida.