28 DE OCTUBRE · EL DON DEL ESPÍRITU SANTO

Desde la Bahía de Nueva York hasta donde comienza el agua profunda se extiende un canal de casi veintiséis kilómetros de largo y sumamente angosto.

En años pasados era bastante difícil navegar en el canal cuando había neblina o tempestad. Entonces, alguien ideó el plan de poner un cable, en el fondo del río arenoso, que trasmitiese signos eléctricos a través del agua, guiando así a los barcos a caminar por el centro del canal hasta llegar al mar.

Para el cristiano, el silbo apacible del Espíritu Santo le advierte que no está viviendo en la forma debida para que se vea la semejanza de Cristo en su vida.

Tal como la señal eléctrica, el Espíritu Santo nos protege de los bancos de arena del pecado. Cuando nos falta mucho, algunas veces nos desanimamos.