3 DE AGOSTO · EL DIOS ALTÍSIMO

Cuando uno recibe la revelación del Dios altísimo al instante cambia la percepción de todas las cosas, uno comienza a ver a Dios, no como un Dios pequeño, sino como Aquel que tiene toda autoridad y potestad en el cielo y la tierra. Salomón dijo: “Porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos” (Eclesiastés 5:8b); este es EL ELYON, el Dios Altísimo Él es la máxima autoridad del universo, conocerlo es una gran bendición. Lo sorprendente es que Él nos invitó a ser parte de Su familia, y nos invita a ser integrantes de Su equipo.

Abraham se relacionó con la autoridad suprema que existe en el universo. Si ha tenido la posibilidad de volar en un avión habrá observado ¡cuán diferente es la perspectiva que uno tiene estando en las alturas!; desde allí todo se ve pequeño, aún las montañas más imponentes. Deberíamos mirar la vida desde la perspectiva divina y ver Su mano poderosa obrando en cada situación. Abraham también lo conoció como JEHOVÁ JIREH, el Dios proveedor; llegó el momento en que él debe tomar una de las decisiones más difíciles de su vida, ofrendar en sacrificio a su único hijo (Génesis 22:8).

Dios prueba la mente y el corazón del hombre; la mejor manera para que Él conozca el grado de compromiso de una persona es a través de la ofrenda, pues la manera como lo hace demuestra su dedicación a Él. Abraham había esperado por muchos años la venida de su hijo y, cuando por fin vio cumplirse su deseo, lo más probable es que haya volcado todo su amor en el muchacho. Dios quizás observó un amor desmedido del padre por su hijo y fue cuando le pidió que lo ofreciera en sacrificio. Lo encomiable en la vida de Abraham fue la madurez con que asumió esa difícil responsabilidad y, sin pensarlo dos veces, emprendió camino hacia el monte Moriah a tres días de camino.

Aunque era un tiempo prudencial para que Abraham se retractara de su decisión, no lo hizo, sino que mantuvo firme su voluntad de obedecer lo que Dios le pedía, sin argumentar con Él. Agradó tanto a Dios la disposición del patriarca a obedecer que no sólo impidió que no dañara a su hijo, sino que proveyó un sacrificio como sustituto. Abraham entendió que Dios era el proveedor de todas sus necesidades y que siempre tenía una respuesta, aun ante lo más apremiante.

Tanto agradó a Dios su actitud que le dio una bendición extra, diciendo: “…Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo, de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar, y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:16-18).