20 DE JUNIO · EL CREYENTE Y LA ORACIÓN

Sabemos que la oración es el único medio que tenemos para comunicarnos con Dios y la sinceridad debe ser el punto de partida.

Los líderes espirituales del pueblo de Israel en la época de Jesús, habían caído en una religiosidad externa; que sus oraciones eran mas por agradar a los hombres antes que a Dios. razón por la cual el Señor les dice: “…no seas como los hipócritas”.

El salmista David hizo la siguiente pregunta: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Salmos 19:12-13).

TENER PRIVACIDAD

La oración secreta es una experiencia de intimidad similar a la conyugal, pues ahí Dios se relaciona con nosotros y nos hace entrar en una comunión profunda con Su Espíritu.

Cada creyente requiere de un lugar donde pueda tener a diario privacidad con Dios, ya sea en el estudio, en la recámara, en la sala, o en cualquier otro lugar. El Señor Jesucristo, como no tenía un lugar específico, oraba al aire libre en las madrugadas (Marcos 1: 35).

El salmista Asaf, tuvo una lucha intensa en sus pensamientos al ver la prosperidad de los impíos, y por causa de este fuerte bombardeo, dio lugar a la envidia. Sólo en la privacidad de la oración pudo discernir todo. “Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer”. (Salmos 73:17-18).

El Señor dijo a través del profeta Isaías: “Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación” (Isaías 26:20).

DENUEDO

No trate de apelar a la vana palabrería. Muchas personas toman esta oración y la repiten varias veces, pensando que cuanto más veces la repitan, más efectiva será. El Señor advirtió a Sus discípulos que no hicieran de la oración un rezo (repetir siempre lo mismo). Quienes hacían esto eran los habitantes de Éfeso: “…Todos a una voz gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!” (Hechos 19:34). El rezo era muy familiar entre los paganos, pero no en el pueblo de Dios.

“Oh Dios, oye mi oración; escucha las razones de mi boca” (Salmo 54:2). En su oración sincera, el salmista razonaba con Dios tal como lo hace un hombre con su prójimo. Para mí no es ninguna penitencia hablar con mi mujer; antes, por el contrario, es un gozo. Así es la oración. Debe hacerse con gozo, alegría e inteligencia; nunca como una obligación, o algo que nos es impuesto.

El apóstol Santiago dijo: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago: 4:3).