19 DE JUNIO · CAMINO A LA PERFECCIÓN

Es indispensable que cada creyente tenga metas en la vida. Muchas personas simplemente se conforman con existir y se dejan llevar por la corriente de este mundo. Alguien dijo una vez: “El que apunta a la nada, a la nada llegará”. El Señor nos dio una gran meta y nos presentó el ideal que debe tener cada creyente, es decir, alcanzar la perfección. Jesús nunca establece una meta que no podamos cumplir. Él nos dio un modelo que debemos alcanzar y es que podamos llegar a la madurez del Padre Celestial.

Él no dijo sé un buen trabajador, sé hábil en los negocios, aunque todo esto es importante. La expresión de Sus palabras nos hablan de la medida que Él desea que alcancemos: Ser padres con el mismo corazón compasivo que el Padre celestial posee. La crisis en la actualidad es una crisis de paternidad, porque el hombre carece de una conciencia clara de la responsabilidad que implica tener hijos.

El apóstol Pablo dijo: “… de quién toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:15). En el original dice: De quién toma nombre toda paternidad en los cielos y en la tierra. Dios, le concedió al hombre la capacidad de ser padre, le confió Su autoridad. Él pudo haber sido el padre de mis hijas, pero me confió esa responsabilidad, dándome cuatro preciosas mujeres y un apuesto varón. Lo más importante es comprender, que Dios me los confió para que yo actúe con ellos como Él lo haría: con responsabilidad, cariño, afecto, expresando amor y aprobación, proveyendo para sus necesidades no sólo materiales, sino emocionales y sobre todo, enseñándoles acerca de la vida espiritual y la fe en Dios.

Al entender que Dios me había delegado Su autoridad para que yo lo representara como Padre, me aboqué a la tarea de hacer por mis hijos, todo lo que el Padre Celestial haría. Sembré en ellos semillas de amor; los amo profundamente y se lo demuestro a cada momento pues sé que es el amor les da seguridad, estabilidad y confianza motivándolas a conquistar el éxito. Cuando un hombre maltrata a su mujer, con palabras o físicamente, los hijos lo perciben y esto deja heridas muy profundas en sus corazones; muchas veces llegan a odiar a su padre, no tanto por lo que les hizo a ellos, sino por la manera en que maltrató a su madre y a sus hermanos.

Muchos hijos han crecido con un corazón herido, lleno de resentimiento por las humillaciones causadas por sus padres. El Señor hablando acerca de Abraham dijo: “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden toda la Palabra de Dios”. (Génesis 18:19). El apóstol Pablo, al escribirle a Timoteo le dijo: “Esto manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”.