15 DE AGOSTO · EL AMOR RESTAURADOR DE DIOS

Rafael, un joven de unos veinte años, me compartió su experiencia de cómo el amor del Padre Celestial había restaurado su corazón. Comenzó su historia diciéndome que su papá engañó a su mamá prometiéndole matrimonio; escogieron la fecha, compraron los enseres para la casa pero, el día señalado para la boda, el hombre se casó con otra mujer. A causa de esto, Rafael y su madre pasaron muchas dificultades, aun financieras.

Cuando tenía siete años, un hombre perverso abusó sexualmente de él. Rafael quedó tan desubicado en sus emociones que creció con un fuerte odio hacia su padre a quien culpaba por abandonarles, hasta llegó a planear cómo matarlo. Pero lo que más lo atormentaba era una voz interna que cuestionaba su identidad de hombre. Aunque él en voz alta declaraba: “¡Yo soy un varón!”, todo parecía en vano.

Un día se encontró con el poder liberado de Jesús, su vida cambió por completo; comenzó a participar de las reuniones, de la célula, y aunque alcanzó un crecimiento espiritual, su batalla interna aún continuaba. Entró en un período de ayuno para que Dios lo liberara y, varios días después, fue libre. Luego tomó la decisión de ir en busca de su padre y, en la oficina a solas con él, le dijo: “Papá, he venido a pedirte perdón”. El padre, un tanto confundido por lo que oía, le dijo: “No, hijo, soy yo el que necesita pedirte perdón por todos los errores que he cometido”. El joven dijo: “Papá, por lo que le hiciste a mi mamá y lo que nos tocó sufrir, llegué a odiarte tanto que lo único que me consolaba era la idea de matarte, por lo cual planeé quitarte la vida en tal fecha. Pero, antes de que sucediera, alguien me habló de Jesucristo y empecé a asistir a una iglesia cristiana. Dios me mostró que debía buscarte y pedirte perdón”. Al escuchar la confesión de su hijo, con lágrimas en los ojos, lo abrazó, diciendo: “Hijo, perdóname por todo el daño que les he causado”. Ambos lloraron, quedando ese día como testimonio de que el amor de Cristo es más poderoso que el odio inspirado por el infierno.

Quizás usted ha sufrido el rechazo y el menosprecio por las decisiones que otros tomaron; hoy quiero decirle que la sangre que brotó del costado de Jesús cuando lo traspasaron con una lanza, esa sangre puede traer completa sanidad y restauración. El Salmista declaró: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmos 34:18). Sienta hoy cómo la presencia de Espíritu Santo lo rodea y que el amor de Dios es derramado en su corazón, llenando todo vacío emocional; ese perfecto amor echa fuera todo temor.