25 DE AGOSTO · EL AMOR DE DIOS POR LA FAMILIA

Hay una gran bendición cuando una pareja decide invitar a Jesús a su matrimonio. Debido a que la pareja tiene que pasar por diferentes pruebas, el tener a Jesús en el matrimonio es la mayor protección tanto para la pareja como para su descendencia. El primer milagro que realizó Jesús fue en las bodas de Caná de Galilea, donde convirtió el agua en vino. Dio a entender que cuando en el hogar se ha perdido el sabor deleitoso que tuvieron al principio y la relación se ha tornado insípida, es cuando se necesita la bendición del Señor para cambiar lo insípido en algo deleitoso que alegrará los corazones de todos en la casa. El deseo del corazón de Dios al establecer el matrimonio fue que sean felices (Génesis 1:26-28).

Dios creó al hombre con la capacidad de atracción hacia el sexo opuesto. La atracción creada por Él es específica: el hombre hacia la mujer y la mujer hacia el hombre. Dios le proporcionó a Adán una ayuda idónea: la mujer. Ella sería su apoyo, su soporte; ambos conformarían un equipo. Piense en esto: Dios creó todas las cosas de una manera sobreabundante, para el bienestar del hombre. Entonces, ¿por qué le dio solamente una mujer? La respuesta la da el Señor a través del profeta Malaquías: “¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios” (Malaquías 2:15).

Levantar una descendencia para Dios es el resultado de una fiel relación conyugal. No es bueno que el hombre esté solo. La naturaleza de Dios es trina: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque son tres personas distintas, siempre trabajan en equipo; ninguno de los tres jamás puede ser ignorado, pues todos tienen el mismo grado de importancia. Cuando Dios creó a la primera pareja, los creó a Su imagen y semejanza. Dios no hizo a la mujer para que fuera ignorada, ni al hombre para que fuera oprimido. Él los creó para que ambos comprendieran que son igualmente importantes y que necesitan el uno del otro.

“Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:23). Los primeros días de matrimonio son los que determinan el comportamiento de lo que llegará a ser ese hogar. Las palabras, actitudes y pensamientos que tenga usted durante los primeros días de matrimonio son tan importantes que marcarán la naturaleza de esa unión.

Lo que sucede los primeros días marca el rostro a los próximos años. Adán llamó a su mujer Varona y aceptó que ella era parte de su misma naturaleza.