18 DE AGOSTO · EL AMOR COMPASIVO DEL PADRE

Jesús en su primera manifestación en público fue reconocido por Juan el Bautista como el Cordero de Dios; dos de los discípulos de Juan quedaron impactados por esta revelación y fueron motivados a estar más cerca de Él. Al ver el Señor que ellos no se separaban de Él ni un momento les preguntó: “¿Qué buscáis?”.

En realidad lo único que ellos deseaban era saber dónde se encontraba la casa de Jesús, esa curiosidad los llevó a estar junto a Él todo el día, pero terminaron por comprender que la casa de Jesús era el lugar donde hubiese un necesitado. El evangelista Mateo, narra como Jesús fue movido a compasión por la gente: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:35-36).

Jesús trajo una nueva frescura a la manera como los líderes religiosos se relacionaban con la gente; Él demostró que lo más importante es que el líder se involucre con la gente para así poder sentir su necesidad y de ese modo lograr ayudarles. Jesús advirtió que los líderes religiosos de su época habían perdido el sentido del ministerio, habían dejado a las personas sumidas en un profundo abandono, sin dirección. El Señor era muy consciente de Su naturaleza, Él sabía que también era Cordero, pero a diferencia de las demás personas, Él sí tenía un Pastor, mientras que el pueblo no conocía hacia dónde ir. Jesús gozaba del cuidado y del amor del Padre y esto lo llevó a compadecerse de las necesidades del pueblo.

Dos de mis hijas fueron de visita a un orfanato, al entrar una bebita de un año y medio les extendió sus manitos y se aferró a ellas con todas sus fuerzas, no las quería soltar. Aunque era un hermoso bebé, estaba muy enferma, lo único que ella pedía era amor y afecto. Con cada niño que mis hijas tuvieron contacto percibían lo mismo, una gran necesidad de amor y afecto; niños desamparados porque carecían de un verdadero hogar. Creo que este habrá sido el mismo sentir del Señor, Su corazón se sintió compungido al ver que las multitudes estaban sin un padre, sin un hogar; esto le llevó a decir a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” Mateo 9:37-38).

Jesús le pide a Sus discípulos oración por obreros, esto quiere decir que se requiere, dentro del liderazgo cristiano, personas que estén dispuestas a sobrellevar las cargas de otros.