ABRIL 10 · EDIFICANDO LA IGLESIA

En el Sermón de la Montaña, el Señor Jesús enseña que, al edificar una casa, se encuentran dos clases de personas: el sabio y el necio. El sabio busca un buen fundamento, pero el necio edifica sobre la arena. El fundamento tiene que ver con las piedras, lo sólido o lo firme; la arena representa lo débil, flexible e inestable. Estos dos elementos están disponibles para edificar tanto nuestras vidas, como nuestros ministerios.

Para edificar Su iglesia, Jesús tuvo que emplear el discernimiento de espíritus y también la fe para proyectar lo que ellos debían llegar a ser. Uno de los primeros discípulos que se acercó a Jesús fue Simón, cuyo nombre significa caña, dando a entender que era alguien débil e inconstante, lo primero que hizo Jesús fue cambiarle el nombre por el de Cefas, o Pedro, que significa piedra o roca. Jesús no quería tener en Su equipo a alguien que fuera de doble ánimo, pues se necesitaban personas de carácter, firmes en sus decisiones, dado que la responsabilidad era demasiado grande.

Jesús sabía que, si quería edificar una iglesia sólida y capaz de soportar las inclemencias del tiempo, debería hacerlo con rocas. Por esto, cambió el nombre a Simón, dando a entender lo que Él haría con cada uno de los doce que conformaban Su equipo. El Señor decidió conformar un equipo que perdurara y que, cuando Él ya no estuviera, pudiera dar continuidad a Su obra.

De esta manera, Jesús sentó un precedente, dio ejemplo para que luego pudiéramos hacer lo mismo con el propósito de llevar eficazmente el evangelio hasta lo último de la tierra.