1 DE MARZO · DISFRUTANDO DE LA FUENTE DE LA BENDICIÓN

La Biblia es la única fuente que proporciona genuina felicidad al ser humano; es la que a su vez le ilumina para que éste tenga un claro conocimiento del Creador. En sus páginas encontramos enseñanzas acerca del origen del hombre, su creación, la comunicación con Dios, su caída, su redención y su destino eterno.

Es la voz del Dios eterno y amoroso hablándonos en cada una de sus páginas, dejándonos ver a través de ellas que su amor no cambia. Es una voz de consuelo, de aliento y de esperanza. En cada página, su palabra está cargada de poder, de amor y de vida. Sus promesas han perdurado a través de los siglos y se mantienen tan vivas como si las hubiese pronunciado ahora.

El escritor a los Hebreos dijo:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. (Hebreos 4:12)

La Palabra de Dios está viva, y cada vez que la confesamos activa el poder de Dios, para cumplir el propósito que Dios desea llevar a cabo. El Salmista declaró: “Envió desde lo alto; me tomó, Me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, Mas Jehová fue mi apoyo. Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí.” (Salmos 18:16-19).

Más cortante que toda espada de dos filos. La Palabra de Dios penetra donde los instrumentos humanos jamás podrán llegar. David lo expresa diciendo: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos.” (Salmos 139:1-3). A medida que tengamos contacto con la Palabra de Dios, podremos entender nuestra condición espiritual y de esta manera tomar las medidas pertinentes para corregir todo aquello que este fuera de orden dentro de nosotros, rindiendo así la totalidad de nuestras vidas a Él, pues de esta manera estaremos seguros en Sus atrios y Dios nos protegerá de cualquier dardo del enemigo.