4 DE SEPTIEMBRE · DISCIPULADOS PARA DISCIPULAR

Dios hace del líder un soñador. Esto significa que sus ojos espirituales son abiertos y Dios le revela ese mundo espiritual dándole visión y equipándolo, y no descansará hasta no ver culminada su obra. es interesante la manera como el Señor fue conformando su equipo y como estos se esfuerzan por alcanzar a otros para Jesús.

La estrategia que el Señor Jesús uso en invertir la mayor parte de su tiempo en la formación de su equipo de doce, es uno de los principios claves en el correcto discipulado; pues tiene el ingrediente de involucrar ministerialmente a cada uno de sus discípulos, para que estos a la ves hagan lo mismo con aquellos que están alcanzando para el reino de Dios. Usted debe empezar a soñar con esa proyección, captar espiritualmente lo que anhela, y aplicar los procesos señalados en la visión para que esos sueños se hagan realidad. Cuando el Señor nos dio la visión del Gobierno de los doce, en el año 91, vino una oxigenación a toda la iglesia y desde entonces hemos entrado en un crecimiento, tanto de células como de miembros, de una manera extraordinaria.

La perseverancia ha permitido tanto fruto, que el adversario se asustó con la visión y quiso quitarnos del camino a fin de que ésta se debilitara y desapareciera, pero él no contaba con que: “El hombre de Dios es inmortal, hasta que haya cumplido su propósito en esta tierra”. Cuando un líder entra en el mundo de los sueños, guiado por el poder del Espíritu Santo, Dios lo lleva a grandes realizaciones a fin de que cumpla con el propósito para el cual lo ha llamado. El poder soñar con la reproducción a través del discipulado, pues este es el material con el que entretejemos nuestro futuro.

El hombre que anhela el éxito en el discipulado, debe quedar tan impregnado de una visión de crecimiento, así como cuando la mujer esta embarazada, aunque no está viendo el desarrollo de su bebé, se preocupa por prepararle todas las cosas que necesitará cuando este nazca. Moisés tenía la unción, pero él necesitó de un equipo que obrara con su mismo espíritu; un equipo que pudiera suplir las diferentes necesidades del pueblo. Luego de que Moisés escogió a setenta y dos en quienes vio vidas de integridad, Dios tomó del espíritu que había en Moisés y lo repartió entre ellos. Del mismo modo es fundamental que Dios tome de la unción que está en el hombre a quien Él le ha dado la visión y la reproduzca en el liderazgo básico, para que estos a su vez la reproduzcan entre los demás creyentes.