12 DE ABRIL · DIOS PELEARÁ POR NOSOTROS

Cuantas veces el ser humano hace cosas incorrectas con el fin de saciar su orgullo, y algunos de ellos cuando adquieren algo de poder, se vuelven crueles, sádicos e implacables; hasta que son confrontados por el mismo Dios y tienen que declarar que ellos mismos fueron victimas de su propia iniquidad. “… como yo hice, así me ha pagado Dios” fueron las palabras del rey Adoni-bezec, quien fue el primer rey a quienes enfrentaron los hijos de Israel después de la muerte de Josué.

Por instrucciones divinas, Judá y Simeón asumieron esa responsabilidad. Pero no era un rey cualquiera sino uno de los más fuertes tiranos de la región que se complacía en tomar prisioneros a los monarcas de los territorios que conquistaba. Todos ellos sumaban unos setenta. Hundido en su soberbia y ostentando su poderío, luego de capturarlos, Adoni-bezec les amputaba los pulgares de manos y pies, haciéndoles mendigar un pedazo de pan debajo de su mesa. Estos reyes no sólo habían sido despojados de la corona, sus tierras y sus familias, sino también de toda esperanza de volver a luchar.

Al no contar ya con sus dedos principales, sabían que les sería imposible volver a empuñar un arma o permanecer de pie en la presencia de alguien. Este hombre perverso había tenido éxito porque las naciones que había enfrentado eran totalmente paganas y carecían de la protección divina.

Para el liderazgo que había quedado después de la muerte de Josué era tan importante vencer a este malvado gobernante como lo fue para él conquistar Jericó. La caída de aquella ciudad significó el desplomarse de la fortaleza del adversario en el territorio de Canaán, mientras la conquista de Adoni-bezec significaba la caída de uno de los más poderosos principados de la región.

Las palabras del apóstol Pablo fueron: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10). Él era un experto en tener que enfrentar oposición en cada lugar donde iba a predicar el evangelio, pero aprendió en medio de ello a fortalecerse en el Señor y creer que junto a Él podía alcanzar la victoria. Aunque tuvo que experimentar tiempos en la cárcel, aunque fue apedreado sabía que con Cristo obtendría completa victoria.

Quizás ha tenido que enfrentar momentos de lucha y oposición, hoy quiero decirle que el Padre Celestial está de su lado, y como lo dijo Nehemías: “… nuestro Dios peleará por nosotros” (Nehemías 4.20).

Es conmovedor saber que Dios siempre va un paso más allá que sus adversarios. El mutilador fue mutilado y el humillador fue humillado. Y así, los hijos de Israel pudieron fortalecerse.