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reflexionar

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. (Lucas 9:23)

Cualquiera puede llamarse cristiano, pero fue el mismo Jesús quien nos dio las pautas de lo que en verdad implica ser cristiano. Jesús da algunos pasos fundamentales:

Negarse a si mismo. ¿Qué tiene que ver nuestro yo con seguir a Jesús? Cuando Dios creo al hombre lo hizo a su imagen y semejanza, y así como Dios es trino, el hombre también posee tres partes: espíritu, alma y cuerpo. No obstante, el hombre vivió una rebelión interna, algo así como si el alma se hubiese puesto de acuerdo con el cuerpo para derrocar al espíritu, juntos fueron y le dieron un golpe de estado.

Por causa del pecado, sabemos que el espíritu del hombre murió, y esa es la razón por la que en el hombre predomina mas la parte de su alma, que está representada en: mente, emociones y voluntad. La vida del ser humano gira en esos tres aspectos: yo pienso, yo siento y yo quiero. Cuando Jesús viene a este mundo, rompe los esquemas del alma, porque Él es espíritu vivificante y esa parte espiritual es ilimitada, pues no está bajo el patrón de yo pienso, yo siento, yo quiero; sino que su espíritu vive conectado con el Padre celestial, y Jesús sólo puede conectarse con el lenguaje del Padre que está revelado en Su Palabra.

Satanás tuvo éxito con Adán y Eva, porque él se mueve en la esfera del alma; sin embargo, con Jesús no tuvo ningún éxito, porque Jesús vive en el espíritu. Y negarse a sí mismo, significa que debemos vivir conectados con Jesús y con Su Palabra, pues nuestro único punto de contacto con el Padre celestial es Jesús.

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante”. (1 Corintios 15:45)

Vivir a diario la revelación de la cruz. Una de las preguntas que el Señor le hizo al pueblo de Israel fue: “¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente”. (Isaías 1:5). Esa era la condición de la raza humana. Mente y emociones afectadas que influenciaron negativamente en sus decisiones. Razón por la cual Dios tuvo que entregar a su hijo Jesús para que tomara nuestro lugar. “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” (Isaías 1:6).

Jesús sabía muy bien cual era su misión en esta tierra, la de morir en la cruz del calvario. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Al recibir la revelación de la Cruz, veremos con claridad el rostro de la maldición. Como dijo el profeta Isaías, veremos lo que nunca nos fue contado, y entenderemos lo que jamás habíamos oído (Isaías 52:15). Pero la revelación de la Cruz va un paso más allá, pues ella nos traslada hasta el mismo lugar que estuvo Jesús.

Nos permite sentir que somos uno con Cristo en el momento de su mayor agonía y dolor. El apóstol Pablo fue uno de los hombres que más se esforzó por llevar el mensaje de salvación al mundo. ¿Por qué? Porque experimentó la revelación de la Cruz. Él dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Y eso mismo es lo que tenemos que hacer cada uno de Nosotros: Tomar tres clavos y con el primero vamos a clavar juntamente con Jesús ese ego que está dentro de nosotros y que está relacionado con yo pienso. Luego con el otro clavo vamos crucificar al yo siento; y luego haremos lo mismo con yo quiero.

Nadie podría expresar estas palabras que declaró el apóstol, a menos que lo hubiese vivido. Pablo supo del poder de Jesús viviendo en él, pero primero tuvo que experimentar la Cruz, al igual que su Maestro.

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La historia del rey Saúl es una de esas historias tristes, que tienen un buen comienzo y un mal fin. De ser un joven tímido, introvertido, paso a ser el primer rey de la nación de Israel.

El profeta Samuel derramo aceite sobre su cabeza y lo ungió, este acto significaba que contaba con el respaldo de Dios, pero también él debería ser obediente a su palabra. Su gran error fue que quito sus ojos de Dios y de su palabra, y su primer acto publico fue una completa rebelión contra Dios, y por esto Dios se aparto de él y escogió a David quien llego a ser un hombre conforme al corazón de Dios.

En 1 Samuel 16:18 encontramos algunos aspectos que caracterizaban a David:

  • Hombre de fe: Se enfrentó al gigante mas temible y lo venció.
  • Valiente: David fue uno de los más grandes guerreros del pueblo de Israel; donde quiera que iba, Dios lo prosperaba.
  • Vigoroso: Se refiere a la energía, la fuerza de conquista.
  • Hombre de guerra: No sentía temor al enfrentar al enemigo en la batalla.
  • Prudente en sus palabras: No hablaba nada negativo.
  • Jehová estaba con él: Había cultivado una relación íntima con Dios.

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DÍA 7 · EL CORRECTO DISCIPULADO

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