“Más, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:8-10).

En nuestra boca está el poder de la Palabra, lo que declaremos en nuestra predicación, eso sucederá. Jesús sorprendió al mundo con Sus enseñanzas y cuando Él hablaba, milagros ocurrían.

A un leproso Jesús le dijo: “Quiero, sé limpio”, y al instante su lepra desapareció. A un ciego Bartimeo le dijo: “Conforme tu fe, suceda contigo”, y recibió la vista. A la mujer que padeció encorvada por 18 años, le dijo: “Mujer, eres libre de tu enfermedad”, y al instante fue sanada. A Lázaro, cuando llevaba cuatro días en la tumba, le dijo: “Lázaro, ven fuera”. Y lázaro resucitó. A la tormenta le dijo: “¡Calla!”, y al mar: “¡Enmudece!”, y en la tempestad se hizo calma.

Cada palabra que salía de los labios de Jesús, era un decreto que ponía a los ángeles del cielo a trabajar, y esto es lo mismo que Dios quiere hacer a través de cada uno de aquellos que hemos creído en Él. La Palabra de Dios al salir de los labios de Jesús, tiene todo el poder de hacer exactamente lo que Él dice y quiere que se haga. Su Palabra es un decreto y cuando Él habla, esa palabra tiene que cumplir Su propósito. Del mismo modo Dios quiere respaldar cada palabra que nosotros demos.

declaracion37

verso37

temasoracion6sept

6 NOVIEMBRE · TRANSMISORES DE VIDA

|

743 comentarios