titulo27

reflexionar

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. (Efesios 6:13)

Pablo conocía como operaban, se organizaban y trabajaban las fuerzas de maldad en las regiones celestiales, estas fuerzas siempre han tenido como objetivo influenciar negativamente la vida de las personas. Pablo era consciente de que todos los cristianos están comprometidos en una guerra espiritual y por tal motivo necesitamos tomar toda la armadura de Dios para estar firmes contra cualquier asechanza del adversario.

Ceñir los lomos con la verdad. Significa que debemos vivir de acuerdo a la Palabra de Dios, decidir servirle al Él y a Su Palabra, desechando toda mentira de nuestra vida.

La coraza de la justicia. Ésta protege su pecho, corazón y emociones. Muchos en el pasado vivieron experiencias traumáticas causadas por quienes más decían amarlos y, por eso, sus emociones fueron lastimadas. A través de la revelación de la Cruz, todas las heridas son curadas, aunque algunos conservan el interrogante: ‘¿Volveré a pasar por lo mismo que viví en el pasado?’ La coraza de justicia le protege. Cuando tiene esta coraza, sus emociones son protegidas por Jesús y el enemigo no puede hacerle daño.

El apresto del Evangelio de la paz. Debe calzar sus pies con el Evangelio. Compartir acerca de Jesús con otras personas es un arma espiritual muy poderosa. El profeta Isaías dijo: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!” (Isaías 52:7).

El Escudo de la fe. La fe la adquirimos por medio del contacto que tengamos con la palabra de Dios y esta se convierte en un poderoso escudo que protegerá nuestra mente de cualquier dardo lanzado por el adversario.

El yelmo de la salvación. Protege la mente, pues debemos tener la plena certeza de que, si partiéramos de este mundo, seríamos completamente salvos. No aceptamos ningún pensamiento de culpabilidad, tenemos la certeza de que ninguna condenación hay para quien está en Cristo. Entendiendo que los dardos que el enemigo lanza contra los creyentes, vienen envueltos en pensamientos humanos.

La espada del Espíritu. Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar, pero Dios nos dio la espada del Espíritu que es la confesión de Su Palabra. Podemos confesar la Palabra de Dios con poder y autoridad cuando ha llegado a nuestro corazón, es entonces cuando podemos expresar con los labios aquello que hemos creído. Porque de la abundancia del corazón habla la boca. Cuando Satanás tentó al Señor Jesús, la manera como Él lo venció en las tres tentaciones fue con la confesión de la Palabra. La Palabra de Dios confesada en la unción del Espíritu Santo se convierte en el arma más poderosa y puede derribar cualquier fortaleza del enemigo.

Orando en todo tiempo. Muchos cristianos que conocen acerca de la armadura de Dios, por momentos no recuerdan usarla. El Apóstol dice, “orando en todo tiempo”, esto nos habla de que es muy importante tener una actitud de guerrero y vencedor, continuamente. Creer que Jesús obtuvo la victoria por nosotros en la Cruz del Calvario es el fundamento de nuestra victoria.

Satanás ha querido sembrar temor en los corazones, con el fin de que no puedan avanzar y conquistar sus sueños; pero mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo, y Jesús a través de la Cruz nos dio la victoria sobre el adversario.

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Los romanos tenían muchas clases de coronas para premiar a los victoriosos. La corona cívica estaba hecha de ramos de roble y se entregaba a aquellos que habían salvado la vida de un compañero en la batalla contra sus enemigos.

La corona muralis era de oro, se daba a quien había escalado primero una muralla o un castillo del enemigo; la corona triunfalis era de laurel y se entregaba al general en jefe o cónsul que volvía triunfante de una gran victoria. Habían varias clases de coronas, como la imperial, la real y la de los príncipes, entre otras. Sin embargo, ninguna ellas puede compararse con la corona de gloria que Dios ha preparado para aquellos que le aman. ¿Quién es capaz de expresar Su gloria? ¿A qué cosa gloriosa se parecerá? Aunque yo tuviera lengua de hombres y de ángeles, no podría expresarlo dignamente, como se merece.

La corona de justicia se dará a quienes les ha sido imputada la justicia de Cristo; la corona de la vida a los que sacrificaron sus vidas por amor a la vida eterna; una corona de estrella a quienes anunciaron el evangelio a otros y los que la reciban brillarán como las estrellas a perpetua eternidad.

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DÍA 27 · LA ARMADURA DE DIOS

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