titulo26

reflexionar

“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”. (Mateo 12:28)

Rebelión y pecado llevan a la enfermedad y el dolor. El pecado de Adán dio lugar a la rebelión, la enfermedad, el dolor y la muerte. Jesús, con su sacrificio, le quitó todo el poder, la fuerza y la autoridad al enemigo. El diablo quedó sin poder, por eso su gran preocupación es que la gente ignore este evangelio, que no crea a esta palabra porque así les controlará y seguirá teniendo dominio sobre ellos.

Los demonios son personalidades incorpóreas. El evangelista T.L Osborn al respecto compartió: “Si no tuviera mis dos brazos ni mis dos piernas, seguiría siendo yo mismo; si me sacaran los ojos, si perdiera los oídos, si no pudiera hablar, seguiría siendo yo mismo, pero no tendría cómo expresarme. Así son los demonios, son personalidades que no tienen brazos, ni piernas, ni ojos, ni boca, ni oídos y necesitan un cuerpo para expresarse. Buscan entrar al cuerpo humano para usar la boca, la mente, los brazos, los pies y la mente para corromper la humanidad. Por eso hay tantas películas diabólicas, porque seres humanos abrieron sus mentes para que los demonios entraran, los inspiraran y así propagaran la inmundicia alrededor de la tierra”.

Los demonios y la enfermedad buscan sobre cualquier cosa establecerse en los cuerpos de las personas. No obstante, si usted acepta que Jesús vino a romper y deshacer todas las obras del diablo, la enfermedad no podrá estar más en su vida porque la resistirá, rechazará y renunciará a ella en el nombre de Jesús, de esta forma verá la bendición en su vida.

Hace unos años me encontraba en la ciudad de Nashville (Estados Unidos) y después de terminar el servicio oré por los enfermos, hice una oración sencilla, dije: “Señor Jesús aplico la sangre de tu cuerpo llagado sobre estos cuerpos y declaro que la sangre de Jesús absorbe toda enfermedad y la arranca de raíz de estos cuerpos, todo se destruye en la cruz del calvario en el nombre de Jesús, amen”.

Algunas de las personas que estaban ahí, escribieron la oración. Al día siguiente una de ellas, que vivía en otra ciudad, recibió la noticia de que a su padre le había dado un aneurisma en su cerebro y que su situación era bastante crítica. Ella inmediatamente le envió a través de un mensaje de texto la oración que había anotado a un familiar y les pidió que la repitieran sobre la vida de su padre. Después de esta oración lo tenían que intervenir quirúrgicamente, sin embargo, los médicos decidieron hacer otros exámenes antes de operarlo, y para sorpresa de todos, aquel hombre ya no tenía absolutamente nada. Los médicos sorprendidos dijeron que ese era el primer caso que se les presentaba en la historia de aquel hospital.

Debemos entender que la sangre de Jesús está viva ahora y es la dinamita de Dios para vencer las fuerzas del mal. Cuando una gota de esa Sangre entra en contacto con la enfermedad, es la muerte definitiva de cualquier enfermedad.

Si usted pone la Sangre del cuerpo llagado de Jesús en la enfermedad, ese germen que dio vida a la enfermedad morirá y se irá al instante de su ser. Lógico, hay momentos cuando la persona externamente no siente nada diferente y dice que todavía sigue con el malestar, pero eso no es para preocuparse; desde el momento en el que se aplica la Sangre, la enfermedad muere. Es como cuando se corta un árbol de raíz, el árbol ha muerto; pero si usted lo mira, las hojas siguen verdes y da la impresión de que no ha muerto, pero si lo deja unos pocos días verá que no queda una sola hoja verde en el árbol y que con el tiempo se marchitará completamente porque el árbol desde un principio ya había muerto.

Así sucederá con la enfermedad, no se preocupe, espere unos pocos días y verá que todo germen del mal desaparecerá.

declaracion_del_dia

declaracion26

Dios está por sobre todos los reinos. Sabemos que existe el reino natural o humano, pero por encima de todos ellos está el Reino de Dios. A través del profeta Isaías, el Señor dijo: “El cielo es mi trono y la tierra el estrado donde descansan mis pies”. (Isaías 66:1)

Jesús dejó los cielos para venir a traer redención; una vez conquistada con Su muerte en la Cruz, el poder de Dios lo resucitó. Por la fe en Jesús fuimos elevados al mismo grado de autoridad que Él tuvo: “Y juntamente con él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. (Efesios 2:6)

Aunque nuestro cuerpo físico está en la tierra; no obstante, nuestra naturaleza espiritual está sentada en los cielos. Así como fueron sometidas a Cristo todas las cosas bajo Sus pies, por ser parte del cuerpo de Cristo, nosotros somos también Sus pies, por lo tanto tenemos autoridad sobre todo aquello en lo que Jesús tiene autoridad.

memorizar

verso26

orar

dia22f

DÍA 26 · AUTORIDAD ESPIRITUAL

|

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>