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reflexionar

“¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?” (Isaías 50:2)

Desde el momento en que Adán pecó, Dios estableció en los cielos un día para enviar a su Hijo como Salvador y Redentor del mundo. Todos los profetas de la antigüedad empezaron a hablar sobre cómo sería el Mesías. Las profecías enseñaban que tomaría el pecado y la rebelión de la gente, y la llevaría sobre Sus hombros, cancelándolos en una cruz. A esto se refería el profeta cuando el Señor expresa estas dos preguntas a su propio pueblo. “¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?”

Jesús fue el único hombre que nació sin la mancha del pecado. No era un gran líder religioso, sino que era el mismo Dios hecho carne que tenía una misión específica en este mundo y que no iba a descansar hasta culminarla en su totalidad. Su fin era la muerte y posterior resurrección.

Hay ciertos aspectos importantes que usted debe entender, todo el entorno de la Cruz nos da una gran enseñanza.

  • En la Cruz la maldición es cancelada · El apóstol Pablo expresó su concepto de la cruz diciendo: “Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. (Col 2:14). “Cristo nos redimió de la maldición de la ley,  hecho por nosotros maldición; porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13).

“Con Cristo estoy juntamente crucificado,  y ya no vivo yo,  mas vive Cristo en mí;  y lo que ahora vivo en la carne,  lo vivo en la fe del Hijo de Dios,  el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

  • En la corona de espinas, Jesús llevó nuestra ruina · Cuando Adán y Eva pecaron y fueron expulsados del paraíso, Dios les dijo:  “… Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo” (Génesis 3:17·18).

Los espinos y abrojos representan la ruina. Jesús aceptó llevar sobre Sus sienes esa terrible opresión que tanto había flagelado a la humanidad.

  • El látigo se relaciona con la sanidad física · La Biblia dice que al delincuente lo podían azotar cuarenta veces. Por eso los judíos decidieron, en un acto de misericordia, azotar a Jesús treinta y nueve veces. El látigo de Roma tenía varios rejos, y cada uno de ellos tenía incrustaciones de metal y hueso filoso en sus puntas. Cada latigazo que Jesús recibía le iba desollando la piel de Su espalda hasta quedar en carne viva (Isaías 53:4·5).

Los científicos han comprobado que existen treinta y nueve clases de enfermedades, cualquier otra es una ramificación de alguna de ellas. No es casualidad entonces que Jesús hubiese recibido treinta y nueve latigazos. Fue como hablándole al mundo que toda enfermedad y dolencia, sin importar su origen o ramificación, sin importar su tamaño o duración, era cancelada en Sus espaldas. “…Y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5b).

  • Los clavos que fijaron las manos y los pies de Jesús nos dieron liberación · A Jesús lo despojaron de Sus ropas, lo acostaron encima del madero, abrieron sus brazos y en una de Sus manos incrustaron un grande y filoso clavo, en la otra mano introdujeron el otro clavo, y sus dos pies fueron unidos para insertar en ellos un tercer clavo. Cada clavo tiene un significado:
  1. Debemos crucificar nuestros pensamientos.
  2. Debemos crucificar nuestros deseos.
  3. Debemos crucificar nuestra propia voluntad.
  • La lanza que traspasó Su costado refleja Su amor para sanar nuestro corazón · “Todos los días debemos crucificar nuestra débil y humana naturaleza, para que el poder de la resurrección divina pueda fluir a través de nosotros”.

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“La conciencia es un preso bajo el poder de Dios; Él la retiene, sus grillos entran en la misma alma; lo hace con su Palabra, y verdaderamente Él es el único que puede encerrarla o soltarla; ni el mundo entero es capaz de abrir la puerta de hierro, soltar sus grillos y dejar al pobre preso en libertad, hasta que Dios dice la palabra”. George Swinnock.

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DÍA 21 · VALORANDO LA REDENCIÓN

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