titulo15

reflexionar

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mateo 6:33)

El Señor Jesús quiere que cada creyente ponga sobre la mesa el orden de sus prioridades y si lo hacemos de una manera diligente nos podremos sorprender; especialmente en la manera como nos relacionamos con Dios, donde la mayoría de nuestras peticiones giran en torno a lo que anhelamos que Él nos dé.

Muchas personas con el afán de conseguir su sustento, se exponen a quitar sus ojos de Jesús y es allí cuando pueden quedar fuera del propósito. Salomón dijo: “Su deseo busca el que se desvía, Y se entremete en todo negocio”. (Proverbios 18:1).

En el sermón de la montaña Jesús dijo a la gente: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mateo 6:25). Parece que el afán es como un velo que nubla el entendimiento y afecta la relación del hombre con Dios. Jesús les da el ejemplo de las aves que vuelan por el cielo, ellas no saben lo que es el afán o la ansiedad y sin embargo el Padre celestial las alimenta.

Buscar el reino de Dios debe venir como resultado de un gran deseo de que la presencia de Dios se establezca en nuestras vidas. Uno de los reyes de la antigüedad del que se menciona que hizo lo recto delante de los ojos de Dios fue el rey Ezequías. Él siempre se esforzó para que se mantuviera estable la relación del pueblo de Israel con Dios, como lo enseñan las crónicas de los reyes: “De esta manera hizo Ezequías en todo Judá; y ejecutó lo bueno, recto y verdadero delante de Jehová su Dios. En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado”. (2 Crónicas 31:20·21).

Ezequías no era un creyente pasivo, sino todo un ejecutivo en lo que Dios le había confiado. Esto confirma lo que el Apóstol Pablo dijo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. (Romanos 12:2).

Ezequías ejecutó lo bueno, recto y verdadero. Recuerde, la voluntad de Dios es buena agradable y perfecta. No obstante, esto sólo cobra vida en nosotros cuando no nos conformamos a los deseos de este mundo.

También el Apóstol Pablo escribió: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. (Colosenses 3:23·24).

Cada uno de nosotros podemos disfrutar de las bendiciones que Dios preparó de antemano para cada uno de sus hijos; no obstante, el Señor se quiere cerciorar en que parte del río nos encontramos, si al lado de la dependencia total a él, o al lado de la preocupación y ansiedad donde sólo concentramos nuestras fuerzas por alcanzar ese falso espejismo.

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Los ángeles obedecen siempre la voluntad de Dios; cualquier cosa que Él desea, de inmediato es suplida por ellos que no argumentan, no discuten, no se disculpan, no se demoran, sino que actúan con diligencia y fidelidad.

Las personas que llegan a tocar el corazón de Dios son aquellas que conocen y obedecen Su voluntad sin cuestionarlo y que actúan en todas las situaciones movidos por un espíritu fiel. Debemos creer que Dios revela Su voluntad a Sus hijos. Es necesario que recibamos la instrucción del Señor para saber cuál es Su voluntad para nuestra vida.

Lo importante no es lo que usted quiere hacer para Dios, sino aquello que Dios quiere que usted haga para Él.

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DÍA 15 · LA BÚSQUEDA PRIORITARIA

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