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reflexionar

En la casa del justo hay gran provisión; Pero turbación en las ganancias del impío”. (Proverbios 15:6)

Es importante entender que existe una gran diferencia entre ser próspero y ser rico. Cuando se habla de ser rico, se hace referencia a una persona acaudalada y propietaria de muchos bienes; no obstante, una persona puede ser próspera sin que sea acaudalada ni rica. Por ejemplo: Cuando Jesús vivió en la tierra, no tenía riquezas, pero fue próspero. No podríamos decir que el Señor era pobre, Él era próspero porque un pobre no puede alimentar a más de 10 mil personas como el Señor lo hizo.

Toda la vida ministerial del Señor Jesús fue próspera, y esto se explica en la capacidad de sanar a tanta gente, porque Él, de Su prosperidad estaba dando de Su medicina, compartiendo Su sabiduría y enriqueciendo a mucha gente; porque él mismo es prosperidad.

Al respecto el proverbista dijo: “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; En su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, Y bienaventurados son los que la retienen”. (Proverbios 3:13·18)

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría. Uno de los privilegios más grandes que pueda tener el ser humano es hallar la sabiduría, y con esto no me refiero a la sabiduría de este mundo, que ha querido desconocer a Dios para levantar un altar al humanismo. Me refiero a la sabiduría que fluye de cada una de las palabras que salen del río de la boca de Dios, ya que al acatar cada una de sus enseñanzas tendremos una vida equilibrada, pues en la bolsa de valores del Reino de los Cielos, las acciones de la sabiduría jamás pierden su valor, mientras que las acciones de la plata son fluctuantes. Además sus frutos no son pasajeros, pues da dividendos en esta vida y también en la eternidad.

Es emocionante saber que aquellos que logramos rescatar de una condenación eterna, testificarán a su favor en el último día. Humanamente no hay nada que supere los jugosos frutos de la sabiduría. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Es increíble ver que estamos viviendo los años de máximo desarrollo tecnológico y científico, pero aún el hombre no ha encontrado el elixir que aumente sus años de vida sobre esta tierra; no obstante, se las ingeniaron, apelando a las cirugías para aparentar una juventud externa aunque por dentro sienta que su vida se está deshaciendo paso a paso.

Al respecto David alaba a Dios diciendo: “El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila”. (Salmos 103:4·5). Y en el salmo del pastor dijo: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”. (Salmos 23:6).

Jesús es la verdadera fuente de la sabiduría, la mujer samaritana en el diálogo que sostuvo con Jesús cerca al pozo de Jacob lo entendió y le dijo: “¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla”. (Juan 4:11·15).

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La palabra “prosperidad” viene del griego “eudoumai” y significa tener buen viaje. Trasladar esa definición a la vida del creyente es afirmar los buenos deseos que Dios tiene para Sus hijos, que sean hombres y mujeres de éxito, que aprendan a ser atentos y sensibles a Sus mandatos para que Él pueda prosperarlos integralmente.

Pero estas bendiciones están sujetas a la manera como nosotros nos relacionemos con Dios y con Su Palabra. El mandato del Señor para Su siervo Josué fue: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

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DÍA 10 · LA PROVISIÓN DE DIOS PARA SU VIDA

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