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reflexionar

“Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto”. (Éxodo 12:13)

430 años había permanecido la nación de Israel en Egipto, pero los egipcios los oprimieron y los convirtieron en sus esclavos, por causa del clamor de ellos Dios levantó a Moisés para que enfrentara a Faraón y de esta manera sacar a todos los israelitas de la opresión de Egipto. Aunque Faraón había visto como toda su nación había sido arrasada por el juicio de 9 plagas, su corazón permaneció endurecido.

Dios instruye a Moisés de la manera como debería preparar a su pueblo para que ninguno cayera bajo el siguiente juicio, que sería la muerte de todos los primogénitos.

La instrucción divina se convertiría posteriormente en una de las celebraciones mas importantes para la nación de Israel y fue: “La Pascua”. Cada familia debería tomar un cordero y el padre después de haber cumplido con todas las indicaciones de la manera correcta y de como se debería recoger la sangre del cordero, luego debería con ramas de hisopo pintar el dintel y los dos postes de la casa, y así deberían comer la carne asada al fuego y permanecer dentro de la casa hasta la mañana.

El Señor les había dicho: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”. (Éxodo 12:2).

Esto significaba un antes y un después en las vidas de ellos. Con la celebración de La Pascua la historia de Israel se partió en dos; todo su pasado en Egipto no le sería tomado en cuenta, pues entraban en una nueva faceta de sus vidas. Fue algo similar a lo que aconteció con la venida de Jesús que con su muerte y resurrección dividió la historia de la humanidad en dos.

Esto es lo mismo que sucede cuando lo aceptamos como nuestro cordero redentor y permitimos que el poder de Su Sangre nos limpie de todo pecado.

Una vez el entra a morar en nuestros corazones, nuestro pasado donde satanás nos esclavizó con vicio, avaricia, inmundicia moral y toda clase de maldades, es absolutamente borrado por la sangre de Jesús y empezamos una nueva vida donde su Espíritu Santo se encargará de dirigirnos.

El escritor a los Hebreos dijo: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12). Jesús había enseñado a Sus discípulos diciéndoles: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

Cuando se enfrentó a la muerte, ésta lo hirió, pero la sangre derramada por Jesús salpicó el dintel y los postes de la casa, esa casa somos nosotros los que hemos creído en Él, y por medio de Su Sangre, estaba ofreciendo protección permanente a cada uno de Sus hijos. El diablo demandaba un precio de sangre. Por eso, el primer juicio enviado por Dios a los egipcios estuvo dirigido a las altas esferas satánicas, pues Faraón vivía rodeado de ministros satánicos cuyo poder dependía de los sacrificios de sangre que ofrecían al adversario.

Aunque el ángel de la muerte fue liberado para que tocara a todos los primogénitos de Egipto, como Israel moraba en el territorio de los egipcios también estaba expuesto a que la muerte tocara a sus primogénitos.

Sin embargo, Dios puso un cerco de protección a través del sacrificio de La Pascua. Aunque esto era tan sólo un tiempo de espera de parte de Dios hasta que viniera Su Hijo. “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. (Hebreos 9:22)

deldia declaracion

 “E hizo este voto, diciendo:… sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida”. (1 Samuel 1:11)

Ana acudió a la casa del Señor dispuesta a orar. Entendió que para mover la mano de Dios, no sólo debía orar sino que era necesario que su ruego estuviera acompañado de una ofrenda. Le fue revelado en ese momento que debía entregar a Dios lo que más amaba, ya que el mayor anhelo del corazón de Ana era tener un hijo varón.

Era muy grande el sacrificio de dar al Señor su única esperanza, pero al advertir que ésa, era la clase de ofrenda que agrada a Dios y que cambiaría su destino; unió la ofrenda a su oración. Hizo voto a Dios. Prometió que si le daba el anhelado hijo, se lo entregaría.

La determinación de Ana puso su plegaría en las manos de Dios. Decidió no seguir mirando las cosas que la agobiaban porque, cada vez que lo hacía, se abría la puerta a espíritus de opresión que venían a su mente para acusarla. Cuando entendió que la oración y la ofrenda son el camino hacia la victoria, experimentó total libertad y nunca más volvió a permitir la tristeza en su corazón.

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DÍA 4 · VICTORIA POR MEDIO DE LA SANGRE DE JESÚS

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